Roll Over Beethoven
Todo lo que se me ocurre y ha ocurrido sobre y desde el rock and roll

MEJORES PORTADAS DE LA HISTORIA DEL ROCK (según Kuratti) Vol. 10

Por Kuratti - 8 de Enero, 2008, 22:35, Categoría: Roll Over Beethoven

Y este es por unánime decisión el mayor éxito jamas habido en el poco reconocido arte de las portadas, covers, del rock and roll. No puede expresarse mejor la depravación, la poca vergüenza y la castidad al mismo tiempo. Ponganse en pie, tras esta tensa espera. La mejor portada de la historia del Rock and Roll, SMALL CHANGE, by Tom Waits!!!!

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MEJORES PORTADAS DE LA HISTORIA DEL ROCK (según Kuratti) Vol. 9

Por Kuratti - 8 de Enero, 2008, 22:26, Categoría: Roll Over Beethoven

Al segundo puesto escala el hombre que metió en la cama al folk con el rock. Sí, señoritos y señoritas, pocas imágenes son tan poderosas y contundentes como esta que aquí reivindicamos ahora. Ojo, la percepción engaña y se agudiza el espíritu. Entre los rincones de la oscuridad hay muchas sorpresas. Por favor, Mr. Bob Dylan, TIME OUT OF MIND.


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MEJORES PORTADAS DE LA HISTORIA DEL ROCK (según Kuratti) Vol. 8

Por Kuratti - 8 de Enero, 2008, 18:42, Categoría: Roll Over Beethoven

Y arribamos al podio de los inconmensurables. La medalla de bronce es merecidamente conquistada por la sobriedad y la sabiduria. Pocas portadas de un disco pueden decir más. Un fondo negro, cuatro letras que pueden querer decir una cosa para el ambicioso, para ti o para mi dicen otra muy distinta. Un rostro cansado, casi anunciando la muerte que se cernía aullando en la distancia. Ladies and Gentlemen, this is Johnny Cash, AMERICAN RECORDINGS VOL. 4: THE MAN COMES AROUND.

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MEJORES PORTADAS DE LA HISTORIA DEL ROCK (según Kuratti) Vol. 7

Por Kuratti - 8 de Enero, 2008, 15:55, Categoría: Roll Over Beethoven

Y acercándonos a la cabeza, ineludiblemente, he aquí una portada que  me ha trastocado siempre el entendimiento. Recuerden que estas son las Mejores Portadas del Rock según yo, así que quien vea que esta en concreto peca de planicie, difícilmente entenderá qué es lo que yo veo en ella. La foto es de Lynn Goldsmith. Dentro 'Because the Night', 'We Three', 'Rock and Roll Nigger'. Mucho peligro se huele aquí. Esta mujer es muy pero que muy chula. No seréis capaces de acabar con ella. Por favor, en el puesto número 4, de Patti Smith Group, EASTER.

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MEJORES PORTADAS DE LA HISTORIA DEL ROCK (según Kuratti) Vol. 6

Por Kuratti - 8 de Enero, 2008, 13:24, Categoría: Roll Over Beethoven

Ni Sgt.Pepper, ni Revolver, ni Abbey Road. Esta es para un servidor la portada icónica: el rostro lacerado y lleno de nostalgia perdida, a pesar de estar en la cima del planeta, de cuatro individuos con un traje que se les ha quedado grande. Por otro lado, la oposición del marrón otoñal del fondo ante el negro impoluto de los hieráticos músicos en el frente de la foto (Robert Freeman) marcan un hito en la simplicidad entendida como uno de los mayores logros del rock and roll, igual que el contenido del disco. Desde Liverpool, en el puesto 5, BEATLES FOR SALE by The Beatles.

BABY'S IN BLACK

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MEJORES PORTADAS DE LA HISTORIA DEL ROCK (según Kuratti) Vol. 5

Por Kuratti - 7 de Enero, 2008, 17:29, Categoría: Roll Over Beethoven

Y por hoy vamos a dejar esta serie, que queda pendiente de confirmarse mañana, con las cinco restantes. Se aceptan sugerencias que podéis dejar en Comentarios. Para cerrar hoy, una de las más enfermizas composiciones de la historia, cuatro meones y un monolito sombra de la inteligencia que nos alumbra. Levántense ante el magistral retrato de la insania imperecedera de Moon, Daltrey, Entwistle y Townsend. Foto de Ethan A. Russell, tomada en Easington Colliery. Un disco que remezcló la enseñanza esencial de Meher Baba en piezas indestructibles como la inmortalidad que nos presenta. Por cierto, algunos de ellos no podían mear. Señoritos y señoritas, WHO'S NEXT por The Who.



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MEJORES PORTADAS DE LA HISTORIA DEL ROCK (según Kuratti) Vol. 4

Por Kuratti - 7 de Enero, 2008, 17:19, Categoría: Roll Over Beethoven

Y esto compete a la propia belleza interestelar, de una gran obra maestra que contiene otra gran obra maestra (el disco que va dentro). Una imagen escueta, sensual y provocadora, obra de Simon Larbalestier. Por favor, en el puesto number 7, SURFER ROSA by Pixies.



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MEJORES PORTADAS DE LA HISTORIA DEL ROCK (según Kuratti) Vol. 3

Por Kuratti - 7 de Enero, 2008, 16:57, Categoría: Roll Over Beethoven

En el puesto 8 la grandiosa front page de la obra maestra de nuestro folk singer favorito (ya sabemos que Bobby Dee no lo es). Por favor, levantense de sus asientos ante la magnificencia programática del gran Phil Ochs, I AIN'T MARCHIN' ANYMORE.



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MEJORES PORTADAS DE LA HISTORIA DEL ROCK (según Kuratti) Vol. 2

Por Kuratti - 7 de Enero, 2008, 15:25, Categoría: Roll Over Beethoven

Nunca tan poco dijo tanto. Una época retratada en cuatro leñazos y un dislate. Ladies and Gentlemen, here they are. En el puesto number 9, NEVER MIND THE BOLLOCKS, Sex Pistols.



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MEJORES PORTADAS DE LA HISTORIA DEL ROCK (según Kuratti) Vol. 1

Por Kuratti - 7 de Enero, 2008, 11:37, Categoría: Roll Over Beethoven

Comienza la nueva temporada del Bloggie de Kuratti (que toda vaya bonito en este año con rima de chiste malo) con esta selección de las que son para un servidor las portadas más hirientes y conmovedoras de la historia del rock. Empezamos por atrás, con la que llamaremos número diez, una portada que no podrás encontrar en CD porque el disco no ha salido en ese formato. Un disco grave, sin remilgos, una patada a la industria, donde el retrato subjetivo que adorna la portada, obra de Joel Bernstein, expresa a la perfección el sentido del disco maldito. Se percibe la soledad de un héroe trágico en olor de multitudes, la decadencia de una época rota en la cucharilla y en las flores muertas. Ladies and Gentlemen, el número 10, TIME FADES AWAY, de Neil Young. Como no hay imágenes al respecto, de raro y perdido, aquí os dejo un video que Neil quiere que se vea.





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ERES MI ROSTRO (WILCO, MADRID 9th NOV)

Por Kuratti - 17 de Noviembre, 2007, 14:46, Categoría: Roll Over Beethoven










       En el documental que acompaña la edición ‘De Luxe’ de Sky Blue Sky, Jeff Tweedy explica la inspiración de la canción que da título al disco. De regreso de alguna parte en el coche de su padre, se ven metidos en un atasco por culpa de un desfile que cruza las calles de Belleville. Los tambores redoblan, la banda desfila en escrupulosa formación. El niño que ocupa el asiento trasero, mira el cielo azul y deja la mente divagar mientras instancias y viñetas de un tiempo podrido ocupan los pasos del futuro. La mirada desprovista de nostalgia que echa Tweedy a esos recuerdos anecdóticos tiene el aroma, en un contexto urbano, del incómodo retrato que hace Johny Cash de su infancia en los campos de algodón en los primeros capítulos de su autobiografía. Es decir, el retrato de un tiempo donde era posible quedarse maravillado con el capullo dulce que nacía en la cabeza de la planta del algodón, o perder la mirada en los atascos donde sonaban canciones inidentificables. Es un tiempo donde todavía se podía perder el tiempo, donde las prisas impuestas por la rueda de la producción y la velocidad de la red y los satélites permitían la reflexión y la pausa.

            El concierto de Wilco en Madrid el pasado viernes 9 de noviembre me produjo una potente nostalgia, una incómoda sensación de no haber encontrado el rumbo, porque, de alguna manera, me sentí transportado a un tiempo que no es éste. Creo que cualquier consideración sobre la calidad musical, el nivel de perfección desengrasada y el estatus de Tweedy, Stirrat and co. como “la banda del siglo XXI”, es oropel que sobra. Primero porque lo que caracteriza a su música no es su calidad. Segundo porque su “perfección” choca con la emoción sin calcular que transmiten en cada acorde que pulsan. Tercero porque no son una banda del siglo XXI. Pertenecen a una época que no tiene prisa, que pisa segura de los pasos que tiene que dar y está totalmente convencida de que lo que dice es la verdad.

            Sobre escena Wilco es una banda de contrastes físicos y visuales. Jeff Tweedy viste un stetson que no parece concordar con las piezas más experimentales de A Ghost Is Born (como ‘Spiders (Kidsmoke)’) o Yanquee Hotel Foxtrot, que sigue siendo claramente su disco más reivindicado en directo. La version de ‘Pol Kettle Back’, recuperada en una versión más entrecortada, es el clímax de este ejercicio de reafirmación del poderío extremo de aquel disco. En cambio A Ghost Is Born reduce su presencia a las piezas que se han convertido en sus emblemas: ‘The Late Greats’, ‘Spiders (Kidsmoke)’, ‘Handshake Drugs’ y, sobre todo, ‘Hummingbird’, seguramente la canción más importante de la presente década grabada por cualquier músico. Tan sólo faltó de esas canciones atemporales, claves de A Ghost is Born, la sublime ‘Theologians’ (interpretada al día siguiente en Zaragoza). Eso es una señal inequívoca de la relación que mantiene Jeff Tweedy con ese disco, algo muy semejante a lo que sucede con Summerteeth, obra de la que, por lo común, sólo aparecen muy a menudo en el repertorio ‘Via Chicago’ y ‘A Shoot in the Arm’. Lo de esta canción es una historia aparte que merece ser contada otro día. Su estructura es muy simple, apenas tres acordes, y no en Do, aunque sea en ese tono en el que caigan enamorados los dos interlocutores. Pero la efectividad, la contundencia, la credibilidad de Tweedy cantándola, con la misma energía liberadora, convierte la experiencia de escucharla en directo una apoteosis imposible. Por si eso fuera poco, los momentos clave, la apoteosis de Something in my veins, bloodier than blood… se ha subrayado escénicamente con un juego de luces que hace que, si ya estás metido en la escena, los fantasmas eléctricos salgan de ella para llevarte junto a ellos.


            He leído en algún lugar críticas contra el papel de Nels Cline en la banda. Es sólo una opinión de gustos, pero obviamente a estas alturas, Cline tiene un protagonismo escénico del que carecía en la gira de A Ghost is Born que permite que la sensación estos días se acerque más al genuino sentimiento de estar viendo a una banda histórica, no como entonces, cuando tan sólo el papel de John Stirrat te hacía sentir que no estabas viendo, simplemente, a Jeff Tweedy con unos mercenarios. Wilco es, ahora mismo, una banda consolidada. Y cualquier crítica que se pueda hacer a Sky Blue Sky o su actitud en escena (¿acomodaticia? At least that’s what they said) es gratuita. Los críticos musicales deberían esperar un par de meses a reciclar el aluvión de sensaciones a que te transportan canciones como Impossible Germany o Hate It Here. La Riviera no es una sala que se caracterice por a garantía de un sonido impoluto, pero el viernes el sonido que salía de los bafles era estremecedor. Yo no sé quién diablos es el equipo técnico que llevan en sus giras, pero estos tipos saben lo que se hacen. Un detalle revelador: estábamos situados AL LADO del bafle gigante izquierdo, y al salir, ni uno solo de nosotros sentía el clásico tinnitus en las orejas, y el volumen estaba muy, pero que muy, fuerte.

            Al salir, uno decía que le hubiera gustado escuchar ‘New Madrid’, otro que qué pena que no habían tocado ‘Monday’, a mí me fastidió que no sonara ‘Theologians’, podían haber tocado ‘ELT’, o ‘Box Full Of Letters’. Y es que es una cuestión de tiempo. Si hubieran tocado un concierto de cinco horas, todos habríamos aguantado sin rechistar, y no aguantado, sino volado con ellos. Ninguna banda actual puede competir con un repertorio tan rico, tan heterodoxo, tan variado, tan cañero. Ya no se hacen canciones así, ya no se tocan canciones así. Al final del viaje, queda el puro rock and roll a toda castaña y un regreso a unas raíces inexploradas. Al final del siglo la reina del casino se queda sin aliento. Como nos sentimos todos los presentes aquella mágica tarde en La Riviera. Queda el camino, queda un lento regreso hasta que tengamos la oportunidad de volver a sentirnos así. La banda sigue tocando en perfecta formación. Los tambores redoblan. El cielo azul tiembla por la mañana sobre el cielo de Madrid, mientras los fantasmas de Belleville te recuerdan que todavía te queda tiempo para ser testigo de epifanías que han chocado de frente contra la oscuridad del siglo XXI. No. Wilco no es la mejor banda del siglo XXI. Wilco no son de este tiempo. ¿Y de este planeta?


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PROVE IT ALL LIFE

Por Kuratti - 24 de Septiembre, 2007, 20:01, Categoría: Roll Over Beethoven

     Contando los días para la esperada fecha del 2 de octubre, os dejo aquí un enlace que demuestra, sin más, cuál ha sido, es y será la más salvaje banda de rock and roll de la historia, la más macarra, la más sucia, la máyor máquina de matar, y sin paliativos ni posible defensa. ¡Y vuelven!

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EL SIGNIFICADO DE 'AMERICAN PIE'

Por Kuratti - 26 de Abril, 2007, 15:47, Categoría: Roll Over Beethoven

       En 1971, Don McLean editó su obra maestra, American Pie. Como suele suceder con muchos grandes hitos de la historia de la música popular, la canción es muy conocida en nuestro país, pero tan sólo al rasero de su melódico y pegadizo estribillo, más últimamente a raíz de la película de marras y la versión de Madonna. Pero la realidad subyacente de esta canción, como es de suponer, trasciende la maniquea realidad de emisora de FM y grandes almacenes a que la catetería hispana, una vez más, ha sometido una obra tan esencial. American Pie parte de la trágica muerte el 3 de febrero de 1959 de The Big Bopper, Ritchie Valens y, sobre todo, del gran Buddy Holly. Es el día que la música murió. De la inmortal coda se hace también eco George Lucas en American Graffiti: el rock ha muerto desde que Buddy Holly murió. Los recuerdos aciagos de una muerte real, pero al mismo tiempo simbólica, porque representa el final de una era de inocencia y frescor, de intrascendente pero poderosa vitalidad, son el punto de partida y leit motiv constante de un impresionante fresco a pinceladas maestras que Don McLean traza sobre la historia de los años sesenta en los EEUU, subrayada aquella historia por la banda sonora perfecta, el devenir del rock and roll y la contracultura. American Pie es una apoteosis de la simbología mítica del rock: tan sólo Thunder Road de Springsteen y Hey Hey, My My de Neil Young pueden competir con ella en este sentido, pero para el lego, su simbología es críptica, empezando por el propio título de la canción. Partimos del día que la música murió, pero paradójicamente, la música siguió su curso, huyendo de su maldición pero, al mismo tiempo y trágicamente, ahondando en ella. McLean retrata la pérdida de la inocencia, la caída de Elvis y la epifanía de Dylan (the King and the Jester (el bufón) with a coat he borrowed from James Dean), la temprana muerte de los ídolos que pretendían señalar el camino a través del sentimiento (Janis, the girl who sang the blues), la definitiva caída del ingenuo y piojoso sueño del hippismo (la tragedia de Altamont, Jack flash sat on a candlestick), la crucifixion de Kennedy (No verdict was returned) y, en fin, la consecución de todas las creencias en los tres hombres que más admiramos, el padre, el hijo y el espíritu santo, sea, Holly, Valens y Bopper. Un día, McLean fue tocado por la tríada y la inspiración broto de su alma como jamás volvería a hacer para, así, crear una obra inmortal que reivindico de nuevo maldiciendo la enfermedad de la oscuridad que azota los centros comerciales y la trivialización de la música. En el enlace podéis ver un video magistral que lo explica todo.

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TOP OF THE CHARTS

Por Kuratti - 7 de Marzo, 2007, 18:52, Categoría: Roll Over Beethoven

       Amigo como soy de las listitas, aquí os va un elenco de los diez discos que más influencia han tenido en mi persona durante los últimos tiempos. Espero reacciones, y por lo menos, así os animo a escucharlos si no los conocéis. No repito intérprete o grupo y el orden es aleatorio...
  •     Car Wheels On Gravel Road, Lucinda Williams
  •      John Wesley Harding, Bob Dylan
  •      Anodyne, Uncle Tupelo
  •      Il Ragazzo della Via Gluck, Adriano Celentano
  •      Rehearsals For The Retirement, Phil Ochs
  •      Being There, Wilco
  •      Harvest Moon, Neil Young
  •      Ramones, The Ramones
  •      Mercy Now, Mary Gauthier
  •      En Otro Tiempo, En Otro Lugar, José Ignacio Lapido


       

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SCIO ID NON FACIENDUM

Por Kuratti - 5 de Marzo, 2007, 15:50, Categoría: Roll Over Beethoven

      Sé que no debo, pero no me resisto a permitiros ir a este enlace. Es sólo una página de Mediafire, pero una página puede contener crema.

                        APRENDIENDO A VIVIR


POST: Pues se ve que este enlace ha tenido poca vida. Los que os disteis prisa sabéis a lo que me refiero. Crema fina. En mayo hablaremos de ello.

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NO MORE SONGS Vol. 1

Por Kuratti - 19 de Febrero, 2007, 16:05, Categoría: Roll Over Beethoven

        Esto que sigue a continuación es el prólogo que escribí para un proyecto que se detuvo inmediatamente, un libro de divulgación crítica para los lectores de español sobre uno de mis mayores ídolos musicales, Phil Ochs. Me quedé en este prólogo, y no sé si en algún momento me atreveré, por tiempo o fuerza, a seguir con ello. Igual le doy la idea a alguien. No obstante, mirando entre viejos papeles, me ha parecido que era un texto lo suficientemente emotivo y profundo como para compartirlo con los lectores del Bloggie. No sé, tal vez siga con ello. Así por lo menos, os acercáis un poco a Phil Ochs, nuestro hombre del Paso.

      "La primera vez que oí hablar de Phil Ochs fue hace mucho tiempo. Diecisiete años. Eso sucedió gracias a la magnífica historia del Rock que publicó en fascículos dominicales hacia el año 1986 el diario El País, nunca reeditada ni actualizada posteriormente a pesar de lo altamente recomendable que dicha revisión sería. El capítulo 17, titulado Dylan y el Folk, concluía con una carilla que Ramón Trecet intitulaba Un Hombre en Guerra. La adornaba la foto de un hombre sentado apoyándose en una pared llena de carteles desvencijados, entre los que destacaba un anuncio de las elecciones primarias del partido republicano estadounidense, quedando poco visibles el rostro y el nombre del candidato. El hombre sentado era bien parecido, lucía un incipiente tupé y vestía de negro, con grandes botas negras, en la más pura tradición beatnik, aunque yo, que contaba por entonces 12 años de edad, no podía saber entonces las connotaciones de tan universal adjetivo. Su rictus serio, mirando hacia mi izquierda de soslayo, llamó poderosamente mi infantil atención.

      La información proporcionada por Trecet era sucinta pero me proporcionó las coordenadas básicas para entender las claves más relevantes de la vida de Phil Ochs. He aquí a un hombre comprometido con las causas políticas y sociales, con los derechos humanos, hasta el extremo más radical. Su carrera había arrancado en el Village neoyorquino a la par que las de Dylan, Tom Paxton, David Blue y tantas luminarias de los primeros sesenta y la era folkie. La relación con el primero parecía haber sido traumática: el ascenso a la categoría de estrella rutilante del firmamento rock de Dylan había provocado en Ochs (y en los demás compañeros de su generación) un patente sentido de inferioridad que, en este caso particular, había degenerado en la completa anulación artística de un hombre de talento y orígenes paralelos. Los setenta fueron para Ochs, contaba Trecet, años de decadencia y alcoholismo, degeneración que culminó en 1976 con el suicidio por ahorcamiento en casa de su hermana Sonny.

      Muchas veces volví, y sigo retornando, a este texto fundacional de Trecet, y en mi constante regreso, mi inconsciente buscaba que pusiera algo más. El texto impreso es inmutable en principio, pero mi exacerbada calentura mental a lo largo de los años, me empujaba a buscar nuevas claves en él, sobre todo claves de algo que no era referido en absoluto, su obra musical. ¿Dónde había discos de Phil Ochs? ¿Cuáles eran sus títulos? ¿Qué canción memorable había compuesto? Pues no es posible entender que se dedique un espacio tan amplio en una obra de aquellas características si tan sólo se justifica por lo que Trecet daba a entender, la actitud vital del único héroe auténtico de los años sesenta, el único que habría llevado sus postulados a sus últimas consecuencias. Tan sólo se citaba un éxito conseguido en voz ajena, el There but for Fortune popularizado por Joan Baez.

      Aun habría de caer en mis manos otro texto que versaba sobre la vida de Phil Ochs antes de que escuchara su voz por primera vez: se trataba del episodio titulado El perdedor del Village en el libro de Danny Faux Bob Dylan 3 (Alias Bob Dylan) en la mítica colección Los Juglares de la editorial Júcar, cuyo texto data de 1982, uno de los pocos años sabáticos, precisamente, en la carrera de Dylan. Como es de suponer, el texto de Faux intentaba establecer, con más o menos éxito, los puntos en común que existían entre Ochs y Dylan, pero a través de él era posible acceder a más y mejor información que aquella que Trecet proporcionaba en Un hombre en guerra. La inserción del episodio se justificaba por la historia de la Rolling Thunder Revue dylaniana, durante cuyos ensayos para la segunda parte, de 1976, tuvo lugar la muerte de Phil Ochs. Gracias a Faux, pude saber que en Ochs la nación Newport, la comunidad folkie, encontró una especie de baluarte después de la “traición” de Dylan de Junio del 65, su gira del 66 con The Band y la imponente trilogía ácida de aquellos dos años. Seguía, sin embargo, pensando yo que Phil Ochs se había quedado, en realidad, estancado en el folk protesta primigenio, en un modo de concebir la música irreductible y básico en la forma, que ese estancamiento explicaba su decadencia, su suicidio… El texto de Faux me sirvió también para tener conocimiento de otras canciones, sin duda estandartes de su obra de expresivos que resultaban los títulos, Changes y I Ain’t Marchin’ Anymore. Supe así también el nombre de un LP suyo, Greatest Hits, irónico título donde se escondía una amarga decepción por no haber encontrado jamás el reconocimiento popular, en el que se encontraba, por ejemplo, una pieza titulada Basket in the Pool, con la que se refería sardónicamente a una encantadora anécdota que había protagonizado él mismo, lo cual decía mucho de su capacidad irónica y autocrítica, cuyos niveles de ácido y bilis yo desconocía entonces, ignorante del episodio más oscuro de su vida.

         Por fin, en un catálogo de venta por correo frecuentado entonces por mí, con mayor vehemencia que ahora, desde luego, encontré una económica edición en CD de un disco publicado por la versión española de Folkways, Phil Ochs sings for Broadside. Por extraños avatares de la vida, ese disco ha desaparecido de mis estantes, pero significó entonces un giro extraño dentro de mi corazón, si bien su digestión fue lenta, al carecer de los textos de las canciones, que comencé a intentar transcribir sin demasiado éxito, lo suficiente para rasguear a la guitarra las piezas que aquella voz, quizás la más dulce que jamás hubiera escuchado, iba desgranando en medio del pésimo sonido de aquella edición. Había llovido mucho desde aquel lejano 86 en que leyera por primera vez Un hombre en guerra. Ahora la guerra estaba dentro de mí. Corría la primera mitad de la década de los 90, yo andaba por el ecuador de mis estudios universitarios y todo, todo me parecía decadencia y horror, el mundo estaba infectado: la horripilante exposición universal de Sevilla, donde vivía, en el 92, la incipiente cola del dragón de la bola global que ahora nos empuja, la corrupta clase política de nuestro país, la falsa sonrisa drogada de las huestes universitarias, la muerte del rock and roll, casi todo lo que antes me había parecido atractivo, se iba volviendo gris e inescrutable. ¿Cómo no sentirse revuelto y con las armas a punto cuando sonaba la voz de Phil Ochs entonando con una simple guitarra acústica The Marines have landed on the Shores of Santo Domingo, Changes, Crucifixion, Outside of a Small Circle of Friends o, sobre todo en aquel momento, Days of Decission?

      Fue así como el fantasma de Phil Ochs, intangible hasta ese momento, utopía, inexistencia y sospecha, se materializó sólidamente en mi vida. Aquel disco giró sin parar en mi reproductor de discos compactos, el primero, por cierto, en una época en que algunos vivíamos traumáticamente el trasvase del formato vinílico al digital. Sin embargo, en la Sevilla de mediados de los noventa era muy difícil encontrar un disco de Phil Ochs. Aun hoy. Por esa razón me llegó como agua de mayo la cinta que un gran amigo y poeta, Juan Frau, me compuso combinando en ella las canciones a su juicio más impactantes de los dos primeros discos en Elektra de Phil Ochs junto a piezas escogidas del sorpresivo Greatest Hits, disco este último que me trajo la faceta de un Ochs distinto, adornadas sus canciones con la concurrencia de instrumentos diversos en medio de melodías diferentes, especiales, indolentes: Jim Dean of Indiana, Boy in Ohio, Bach, Beethoven, Mozart and Me, se añadían a la incipiente mitología de coordenadas desesperadas que en mí, en el absoluto secreto de aquella gema que no puede compartirse con nadie, suponían las adaptaciones musicales de Poe y Alfred Noyes (The Bells y Highwayman), las proclamas antibelicistas (One more Parade, I Ain’t Marchin’ Anymore, Knock on the Door) o los comentarios sociales profundamente pesimistas (Iron Lady, Celia, Here’s to the State of Missisippi). Por aquel entonces, mi juicio había determinado que en el terreno del folk social de los primeros sesenta, nadie podía arrebatar a Ochs la corona del talento, ni tan siquiera el propio Dylan, y a duras penas podía comprender la razón de tan grave impopularidad. Tan sólo podría compartir con Juan Frau esta comezón. Gracias a él me di cuenta, además, de que la foto de Un Hombre en Guerra era la portada de I Ain’t Marchin’ Anymore, su segundo y mejor disco para Elektra.

Paralelamente a este proceso descubrí la página web de Trent Fisher, la más completa e interesante visión virtual de Phil Ochs en la red de redes. Por medio de ella conseguí leer los textos de las canciones que tanto me habían conmovido, llegando de este modo algunas de ellas a resultar auténticas losas sobre mi conciencia, definitivamente perturbada por tal modo de retratar la realidad. Los temas, aparentemente circunscritos a un momento concreto de la historia americana, por muchas razones que pretendo aclarar a lo largo de esta historia de Phil Ochs, se universalizaban diáfanamente y me hablaban con casi mayor confidencialidad que antes. Por entonces me hice con el tercer disco de Ochs para Elektra, el maravilloso Phil Ochs in Concert, todo él de material inédito. Ringin’ of Revolution, Canons of Christianity o Love Me I’m a Liberal daban cobertura a la cima melódica y sentimental que seguía siendo Changes y, más aun, a una misteriosa tonada que cerraba con estremecimiento tal despliegue de finura interpretativa: When I'm Gone, la primera de las ominosas composiciones que, en nostalgia, parecían preludiar el amargo fin de la vida de Phil Ochs. Pude observar en la página de Fisher otros ejemplos de esta desagradable tendencia a poetizar sobre el final, como The Passing of my Life, No More Songs o Rehearsals from the Retirement, pero habría de pasar algún tiempo hasta que estas canciones pudieran ser escuchadas.

Mi admiración por Phil Ochs no menguó los siguientes años, pero no fue amplificada por la posibilidad de escuchar distintos planos de su obra. Cayeron en mis manos los dos primeros discos, que conocía tangencialmente, y el póstumo A Toast to Those who Are Gone, con notas interiores de Sean Penn, tan ilustrativas para mi ya condición de fan como aquellos antiguos escritos de Trecet y Faux, disco éste que me acompañó en un inolvidable viaje a Roma, escuchando el tema homónimo junto a la tumba de John Keats y en la inmensidad del Palatino. Pero era imposible encontrar ningún otro disco más, al menos en la medida de mis posibilidades. Con algunas salidas a Inglaterra y la colaboración de las tiendas virtuales de la red de redes, ha sido posible que, al fin, haya caído en mis manos la discografía completa de Phil Ochs y los escasos libros que se le han dedicado por ahí fuera. A partir de aquí, mi creciente interés por Phil Ochs a través de los años, mi afición por el músico y el hombre que ocupaba en mi mitología particular un lugar paralelo al de Dylan, Cohen o Reed, ha pasado a convertirse en plana obsesión. El descubrimiento de sus experimentos musicales en Pleasures of the Harbor, de la sublime música contenida en Tape from California y, sobre todo, del pesimismo vitriólico convertido en piezas maestras en Rehearsals from the Retirement, han provocado que mi espíritu sienta una profunda deuda hacia Philip David Ochs que pretendo pagar con este libro. En ninguno de los artistas que he admirado en mi vida he logrado encontrar una mezcla semejante de coherencia, desespero, talento, gusto, vitalismo. Tan sólo el cine de John Huston y Truffaut y la música de Cohen pueden conseguir que en mi espíritu se asome la misma sensación de algo tan indefinible como lo que Ochs representa".


      PHIL OCHS VIDEOS YOU TUBE


    Es increíble como esa página nos ha permitido ver por fin actuaciones en directo de Ochs. Tanto tiempo, y sólo se nos permitía ese breve clip de la Historia del Rock... Aun así, un bien puñado de videos han desaparecido repentinamente de la página. Uno incluía una entrevista con Murray the K e incluso varias canciones...

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VU: THE NORMAN DOLPH ACETATE

Por Kuratti - 6 de Febrero, 2007, 16:51, Categoría: Roll Over Beethoven

       Aquí os dejo un enlace a los MP3 del llamado 'Norman Dolph Acetate'. Se trata de un reciente descubrimiento que se coló por Ebay, un primitivo acetato del Banana Album de la Velvet con diferentes tomas en algún caso y con distintas mezclas en otros. Es una auténtica pasada. Lógicamente, el generoso downloader nos lo pasa con todo el click del vinilo incorporado, proporcionando una nueva experiencia sónica con la obra maestra de The Velvet Underground. Ustedes lo disfruten.




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CHI NON LAVORA NON FA L'AMORE

Por Kuratti - 21 de Enero, 2007, 22:29, Categoría: Roll Over Beethoven

     Una de las obras maestras del gran Adriano es esta interpretación de Chi non lavora non fa l'amore en el festival de San Remo. Pinchad en el enlace para disfrutarla en su integridad. Los próximos días espero poder actualizar el bloggie con algunos de los acontecimientos más grises de por último, a la vez que con lo más sublime.

CHI NON LAVORA, NON FA L'AMORE


Uno le grita 'eres el más grande', Adriano responde, 'lo sé'....

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DROWNED

Por Kuratti - 28 de Julio, 2006, 18:42, Categoría: Roll Over Beethoven

    Anoche vimos a The Who en Madrid, en el Palacio de los Deportes. Pete Townshend y Roger Daltrey pletóricos, pese a ciertos defectos de sonoridad (típico del sitio). No voy a hacer ninguna crónica. Baste únicamente este enlace a los diarios de Pete. Esto lo ha escrito hoy mismo. Para los que no controláis inglés, aquí traduzco lo más importante:

                                              LOS DIARIOS DE PETE, 28 DE JULIO

"Roger y yo estamos por completo de acuerdo en nuestra falta de acuerdo. Siempre ha sido así.

En una cosa coincidimos.

Esta noche hemos tocado el mejor concierto de nuestra NUEVA carrera entera, nuestro primer concierto en España, en el Pabellón Olímpico [sic] de Madrid. El público fue espectacular. Más todavía fue el público que mejor conocía nuestro repertorio de todos ante los que hemos tocado.

Estos no son los antiguos Who. Nunca dijimos que lo serían. Es algo más. Tiene importancia. La música revivio esta noche en los movimientos y en las voces de la multitud.

No puedo esperar a regresar a Madrid y tocar otra vez. Creo que Roger y yo estamos también de acuerdo en esto".

   Definitivamente, las cosas han cambiado...

Pete Outstretched Hyde Park RH

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EL GRAN PRÍNCIPE DEL FOLK

Por Kuratti - 5 de Mayo, 2006, 13:44, Categoría: Roll Over Beethoven

       Anonadado. Me he quedado anonadado. El nuevo disco de Bruce Springsteen, 'The Seeger Sessions', aparte de ser una obra maestra de frescura, un monumento a un tipo de canciones que ya no se pueden hacer porque no existe en el mundo la esencia que las motivó, aparte de llevar de nuevo al de Freehold a la carretera, aparte de alegrarte la vida a la vez que te hace reflexionar sobre sus más oscuros aspectos, aparte de todo esto es una obra fundamental por una serie de cuestiones que intentaré enumerar a continuación. Todas estas cuestiones son trascendentales y acercan al viejo Bruce al absoluto, lugar que ronda desde antaño junto a los mayores maestros del espíritu. Se trata, junto al video de 'Storytellers' de VH1, de un suceso extraordinario, porque la sinceridad de Springsteen es aquí la esencia de un modo de concebir la realidad que permite a los espíritus enfermos sanar las heridas en el río.

      "The Seeger Sessions" recuerda en su concepción y en su espíritu a la obra quizás más trascendental de Bob Dylan, "The Basement Tapes". Alguien se dirá que cómo es que me atrevo a llamar a TBT la obra "más trascendental" del Maestro. Respondo: lo es en el sentido que Greil Marcus descubrió en 'The Invisible Republic', en el de la forja de una nación invisible, que desarrolla sus problemas y su casuística a partir de unos temas recurrentes y una forma de expresión que parecen partir de un folklore nacional pero que, en realidad, brotan de un subconsciente imaginario que no es posible sino en el dolor y en las desventuras de seres que surgen de las tormentas de arena y se marchan con el viento. Por eso, lo que voy a decir a continuación no es del todo exacto: "The Seeger Sessions" demuestra, una vez más, que las manifestaciones artísticas estadounidenses son las más importantes y relevantes del siglo XX y los arranques del siglo XXI. Esa estúpida postura del europeo complaciente, más aun, del españolito complaciente, que mira desde su atalaya de presunta superioridad cultural, necesariamente debe quedar hecha trizas ante una manifestación de poder transmisor tal. Esto parece contradecir, sí, lo que he dicho antes, porque no es cultura estadounidense. Es la invisible república, la que no se ve. Pero es que esta surge de lo más profundo de los arrabales de ese mundo despreciado, ese mundo que ha generado a Pete Seeger, a Woody Guthrie, a Cisco Huston, a Charley Patton, a Doc Pomus, a Jimmie Rodgers. Springsteen, desde su arrogado papel de sincero recreador de las invisibles palabras del cancionero folklórico, ha aceptado el reto de utilizar su rol de rock star, ídolo de masas, para lanzar al mundo estas canciones inexistentes, para que el mundo sepa quién es Pete Seeger, para que el mundo entero escuche 'John Henry', 'Shenandoah', 'We Shall Overcome' (esta, por cierto, data de una sesión de hace casi diez años, germen de esta obra maestra). Seeger, epígono de Guthrie, nonagenario rey del folk, purista visión de un mundo perdido que se puede recuperar viendo el "Festival" de Murray Lerner, tiene en su haber el impresionante legado de haber amamantado los sueños de los que saben, a ciencia clara, que aquí está la respuesta a muchas preguntas. "¿Dónde se han ido las flores?", se preguntaba Seeger en una de sus canciones. Escuchen a Marlene Dietrich cantar su versión ("Sag mir wo die Blumen sind"). La evocación de la tragedia de la Caza de Brujas del senador McCarthy en voz de la Dietrich llama a otro sentimiento, más escondido, más profundo...Guerra, tumbas, sueños. Aquella canción de Seeger es, en realidad, un punto y aparte en el desarrollo de la instancia humana. Desde entonces, muy pocos, tan sólo unos pocos, se han atrevido a revolver la llaga en el dolor de un mundo invisible y desconocido. Bruce Springsteen, de Freehold, New Jersey, lo ha vuelto a hacer.

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