EL TUTEO

Por Kuratti - 20 de Diciembre, 2007, 13:59, Categoría: Microensayos de la Realidad

Por azares virtuales ha llegado hoy hasta mi correo electrónico un texto que se publicará el 23 de diciembre en el Semanal. Su autor es A. Pérez Reverte, famosísimo escritor multimillonario, autor de prosa sobre el Siglo de Oro, filtrado ya hasta por la industria fílmica patria. Tengo que reconocer que no he leído ni una sola línea suya escrita en libros, ni lo pretendo. Queda tanto Tácito y Mark Twain antes de morir que no creo que el esfuerzo se merezca. La cosa es que el hombre me da un poco de reparo, pero no es culpa suya, sino mía: me suele suceder con los escritores actuales de éxito. Seguro que es la envidia (pero no por lo bien que escriben, sino por la pasta, claro). En fin. La cosa es que como el tío vende casi tantos libros como la de Harry Potas, pues puede decir lo que le viene en gana sin que le tiemble la pluma. Y hace un sano favor a todos los que están pensando lo que dice y no se atreven a decirlo por miedo a quedarse sin la paguita. A Reverte, pues, ya se ve lo que le preocupa. Escribe desde una atalaya que no le prohibe soltar el siguiente dictamen sobre lo que se está haciendo con la educación en este país. Quiero advertir que pongo este texto aquí porque es revelador de una opinión que está muy extendida entre la intelectualidad, y entre la propia docencia, que los políticos están dinamitando la educación, independientemente de la ideología o del signo, al supeditarla a sus propios prejuicios e intereses (muy interesante y atrevida, en los tiempos que corren, esta posición intelectual supraideológica o suprapartidista...like Dylan in the movies), y lo pongo subrayando que no suscribo totalmente todo lo que dice, es decir, que no estoy de acuerdo por completo con algunas de sus observaciones, que son consecuencia, precisamente, de su ubicación en la torre de marfil de la intelectualidad boyante y "zin polema" alguno. Amigos, supongo que el que escribe esto quiere que se le escuche. Así que le cedo mi espacio a su voz. Sea.

No me puedo resistir

 De Arturo Pérez Reverte:

 PERMITIDME TUTEAROS, IMBECILES Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera.

    No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas. Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña.

    Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

    Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos».

     Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p"alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo. Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio.

Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

 El Semanal 23 de diciembre de 2007

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