¿PERSAS O FUTBOLEROS? EL CRIMEN DE CALIXTO

Por Kuratti - 3 de Diciembre, 2007, 14:14, Categoría: Urbs Roma

        

La presentación en Madrid del montaje teatral de Calixto Bieito Los Persas. Requiem por un soldado, me permite recuperar unas reflexiones que ya me hice en su día a propósito de la representación de esta obra en el Festival de Mérida. En su día decidí que mis vacaciones estivales empezaran ahí, de tal modo que me dije que según salía de mi residencia habitual, mis pasos se encaminarían hacia el Teatro Romano de Mérida. Una buena tarde de junio me metí en la página web del Festival emeritense para ver qué obra podíamos ver el día que nos marchábamos. Pasaríamos a Mérida y de allí nos marcharíamos al pueblo, antes de emprender otra aventura. Al fin y al cabo, con el arreglo de la Ruta de la Plata cada vez es más sencillo y rápido llegar desde Emerita a Hispalis. El asunto es que ese día hacían Los Persas de Esquilo. El subtítulo Requiem por un soldado no aparecía en la programación, y si lo hubiera hecho ya me hubiera precavido. Quiero decir: cuando uno decide comprar una entrada para ver una obra en la noche mágica de Mérida, cuando la canícula aprieta al día para que las sagradas piedras resoplen su riscaldamento a la noche, lo hace porque quiere ver teatro clásico griego o romano, en el marco incomparable de la rutilante escena que se yergue desde que Agripa consagrara el recinto. La obra era, se suponía, Los Persas. Esta pieza es la obra más antigua de Esquilo que se conserva, y por tanto se trata de la primera obra teatral que tenemos. Su tema es la hybris. Los persas, a cuyo frente se encuentra Jerjes, son derrotados por los griegos en Salamina, y el poeta atribuye esta célebre derrota a la soberbia altaneria de Jerjes que recibe el castigo apropiado porque los dioses se sienten ofendidos. Dicha soberbia, hybris, se ha manifestado, según revela el fantasma de Darío, padre de Jerjes, en la construcción de un enorme puente hecho con barcos para cruzar el Helesponto. Se trata, curiosamente, de la única tragedia de tema histórico que se conserva. No hay nada en Esquilo que permita suponer que se trata de una tragedia que aborda "los horrores de la guerra" (lo que sí puede leerse en el teatro de Eurípides, humano, demasiado humano). Las preocupaciones de Esquilo eran otras y, desde luego, Calixto Bieito es incapaz de comprenderlas. Este señor se permite el lujo de coger a Esquilo y darle la lectura que a él le apetece, es decir, una que no tiene nada que ver con el original, ni en su más remoto sentido. Por lo que parece, Bieito es muy famoso por sus montajes operísticos "revolucionarios", o por poner a Segismundo masturbándose en su ensoñadora torre. Es el típico escenógrafo "creador". Un regalo vamos. La cosa a mí me importa tanto como la migración de las tortugas siberianas, o sea, nada. Pero en este caso, como soy una víctima de un engaño, pues lo digo. La obra es un "alegato" (palabra muy de moda) contra la guerra de Irak (Bieito dice que no es un "alegato", y que no es contra la guerra de Irak, sino contra todas las guerras). Pues muy bien. Este señor es muy libre de hacer un montaje contra la guerra de Irak, o contra todas las guerras, y poner a Natalia Dicenta cantando por Janis Joplin como el culo y al actor que hace del fantasma de Darío quejándose porque pierde el Atleti. Particularmente, la obra, en sí misma, tal y como está hecha, me resultó soporífera, insufrible, y además perro flauta y modernita, en el peor sentido de la palabra "modernita". Yolanda lo dijo claramente, y ella no tiene ningún compromiso con el teatro clásico: "la peor obra de teatro que he visto en mi vida". Su juicio es, desde luego, claro y puro. Seguro que más que el mío, que va preñado de insomnes compromisos previos. Pero puedo hasta entender (a duras penas, pero entender) que haya a quien le guste, diantre.

         Lo que me molesta es que me estafen. Si la obra se hubiera titulado Requiem por un soldado, pues no pasa ni media; no creo que la hubiera visto, pero habría gente que sí, y también se habría generado discusión, porque se trata de una obra política, pacifista, se supone, en un tiempo de patio revuelto. Pero lo que a mí me molesta, lo que molesta a los amantes del teatro clásico que acuden cada verano al sagrado escenario del Teatro Emeritense, es que te anuncien un montaje de una obra cualquiera, y del montón, con el nombre de Los Persas de Esquilo. Insisto: no se trata de un montaje moderno de la obra -estos suelen indignar también con cierta razón a los puristas, pero hasta cierto punto son aceptables-, es que es OTRA OBRA DE TEATRO que no tiene ABSOLUTAMENTE NADA que ver con Esquilo, ni con Los Persas, ni nada. Fíjense lo antimilitarista que era Esquilo que cuando murió, dejo en su epitafio, como márchamo de su gloria, no que fue la mayor gloria del teatro griego, sino que combatió en Maratón. Y todavía tienen la poca vergüenza de insistir en que si la tragedia de Esquilo mantiene valores perennes, que si en ella se oyen pensamientos actuales...eso es una modita que tela marinera respecto a los clásicos, que si la actualidad de su mensaje y patatín, pero para lo que les interesa, claro: "Si Esquilo estuviera entre nosotros estaría muy contento de ver que su obra es de actualidad porque sigue sirviendo para documentar las guerras y para comprobar su inutilidad", declaró en una rueda de prensa Natalia Dicenta: si Esquilo estuviera entre nosotros, saldría corriendo, guapa. Yo decido hacerme cuatrocientos kilómetros para disfrutar de una versión de Esquilo, puede que mejor, puede que peor, en el Teatro Romano de Mérida, y resulta que me topo con una cosa que no tiene que ver, ni de lejos, con el texto esquíleo, ni con la esencia de la obra, que es, insisto, la hybris. Una hybris de la que Calixto Bieito, sostengo, es máximo exponente. Y cobrándola, claro, porque esto no es más que una sucia estratagema para cobrar todo lo que apareja representar en el mágico verano de Mérida. Uno, los responsables del Festival deben tener más cuidado. Mérida y el teatro son sinónimos. Cuando echaba un vistazo en la Plaza del Ayto. a la exposición de recuerdos del Festival, de las mujeres en el Festival, y veia a Margarita Xirgú haciendo de la maga Medea, con su rostro lleno de odio, mis entendederas se estremecían. Los responsables del Festival deben cuidar de que esto no se convierta en una pantomima. Y dos: por su hybris, Calixto Bieito sufrirá, tarde o temprano, la ira de los dioses.

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