17 de Noviembre, 2007

DYLAN EN LA LENGUA DEL AMOR

Por Kuratti - 17 de Noviembre, 2007, 15:25, Categoría: New Groove of Trees

     Recientemente, los responsables de la publicación Desolation Post, revista española dedicada a la música de Bob Dylan, me manifestaron, con razón, su indignación por el hecho de que en 20/20 Vision no apareciera ni una sola mención a la misma. No es de recibo ni tiene sentido, desde luego, que después de hacer un recorrido por los libros y las publicaciones que en este país se han dedicado a Dylan (cap. 2. "El libro de los signos"), no se hubiera mencionado esta publicación, desde luego la más saludable al respecto en estos precisos momentos. Más aun cuando yo la conocía perfectamente y tenía algunos ejemplares. Como por el momento es imposible enmendar el entuerto sobre el propio libro, me gustaría aprovechar la posibilidad pública que me proporciona este blog, (cuya dirección aparece en el mismo volumen, y es de suponer que algunos de sus lectores echarán un vistazo aquí) y remitiros a la página web de la revista Desolation Post donde es posible encontrar las vías para conseguirla. Se trata de una publicación altamente recomendable, donde escriben grandes fans de Dylan con conocimiento de causa, de gran formato y hecha con mucha pasión. Es lo menos que puedo deciros.

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THE VAMPYRE LINKS

Por Kuratti - 17 de Noviembre, 2007, 15:07, Categoría: Cinemático

      Aunque dije que no publicaría ninguna otra noticia sobre The Vampyre, habida cuenta de los problemas que habéis tenido para descargar el corto desde Gigasize, os dejo tres enlaces. Simplemente pinchando sobre el primero os sale la descarga, por cortesía de la página Scifiworld que nos ha permitido alojarlo en su espacio "hftp"; los otros dos permiten visuarlo online: uno es la página de Aullidos, otra la de Scifiworld. Que lo disfrutéis.

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ERES MI ROSTRO (WILCO, MADRID 9th NOV)

Por Kuratti - 17 de Noviembre, 2007, 14:46, Categoría: Roll Over Beethoven










       En el documental que acompaña la edición ‘De Luxe’ de Sky Blue Sky, Jeff Tweedy explica la inspiración de la canción que da título al disco. De regreso de alguna parte en el coche de su padre, se ven metidos en un atasco por culpa de un desfile que cruza las calles de Belleville. Los tambores redoblan, la banda desfila en escrupulosa formación. El niño que ocupa el asiento trasero, mira el cielo azul y deja la mente divagar mientras instancias y viñetas de un tiempo podrido ocupan los pasos del futuro. La mirada desprovista de nostalgia que echa Tweedy a esos recuerdos anecdóticos tiene el aroma, en un contexto urbano, del incómodo retrato que hace Johny Cash de su infancia en los campos de algodón en los primeros capítulos de su autobiografía. Es decir, el retrato de un tiempo donde era posible quedarse maravillado con el capullo dulce que nacía en la cabeza de la planta del algodón, o perder la mirada en los atascos donde sonaban canciones inidentificables. Es un tiempo donde todavía se podía perder el tiempo, donde las prisas impuestas por la rueda de la producción y la velocidad de la red y los satélites permitían la reflexión y la pausa.

            El concierto de Wilco en Madrid el pasado viernes 9 de noviembre me produjo una potente nostalgia, una incómoda sensación de no haber encontrado el rumbo, porque, de alguna manera, me sentí transportado a un tiempo que no es éste. Creo que cualquier consideración sobre la calidad musical, el nivel de perfección desengrasada y el estatus de Tweedy, Stirrat and co. como “la banda del siglo XXI”, es oropel que sobra. Primero porque lo que caracteriza a su música no es su calidad. Segundo porque su “perfección” choca con la emoción sin calcular que transmiten en cada acorde que pulsan. Tercero porque no son una banda del siglo XXI. Pertenecen a una época que no tiene prisa, que pisa segura de los pasos que tiene que dar y está totalmente convencida de que lo que dice es la verdad.

            Sobre escena Wilco es una banda de contrastes físicos y visuales. Jeff Tweedy viste un stetson que no parece concordar con las piezas más experimentales de A Ghost Is Born (como ‘Spiders (Kidsmoke)’) o Yanquee Hotel Foxtrot, que sigue siendo claramente su disco más reivindicado en directo. La version de ‘Pol Kettle Back’, recuperada en una versión más entrecortada, es el clímax de este ejercicio de reafirmación del poderío extremo de aquel disco. En cambio A Ghost Is Born reduce su presencia a las piezas que se han convertido en sus emblemas: ‘The Late Greats’, ‘Spiders (Kidsmoke)’, ‘Handshake Drugs’ y, sobre todo, ‘Hummingbird’, seguramente la canción más importante de la presente década grabada por cualquier músico. Tan sólo faltó de esas canciones atemporales, claves de A Ghost is Born, la sublime ‘Theologians’ (interpretada al día siguiente en Zaragoza). Eso es una señal inequívoca de la relación que mantiene Jeff Tweedy con ese disco, algo muy semejante a lo que sucede con Summerteeth, obra de la que, por lo común, sólo aparecen muy a menudo en el repertorio ‘Via Chicago’ y ‘A Shoot in the Arm’. Lo de esta canción es una historia aparte que merece ser contada otro día. Su estructura es muy simple, apenas tres acordes, y no en Do, aunque sea en ese tono en el que caigan enamorados los dos interlocutores. Pero la efectividad, la contundencia, la credibilidad de Tweedy cantándola, con la misma energía liberadora, convierte la experiencia de escucharla en directo una apoteosis imposible. Por si eso fuera poco, los momentos clave, la apoteosis de Something in my veins, bloodier than blood… se ha subrayado escénicamente con un juego de luces que hace que, si ya estás metido en la escena, los fantasmas eléctricos salgan de ella para llevarte junto a ellos.


            He leído en algún lugar críticas contra el papel de Nels Cline en la banda. Es sólo una opinión de gustos, pero obviamente a estas alturas, Cline tiene un protagonismo escénico del que carecía en la gira de A Ghost is Born que permite que la sensación estos días se acerque más al genuino sentimiento de estar viendo a una banda histórica, no como entonces, cuando tan sólo el papel de John Stirrat te hacía sentir que no estabas viendo, simplemente, a Jeff Tweedy con unos mercenarios. Wilco es, ahora mismo, una banda consolidada. Y cualquier crítica que se pueda hacer a Sky Blue Sky o su actitud en escena (¿acomodaticia? At least that’s what they said) es gratuita. Los críticos musicales deberían esperar un par de meses a reciclar el aluvión de sensaciones a que te transportan canciones como Impossible Germany o Hate It Here. La Riviera no es una sala que se caracterice por a garantía de un sonido impoluto, pero el viernes el sonido que salía de los bafles era estremecedor. Yo no sé quién diablos es el equipo técnico que llevan en sus giras, pero estos tipos saben lo que se hacen. Un detalle revelador: estábamos situados AL LADO del bafle gigante izquierdo, y al salir, ni uno solo de nosotros sentía el clásico tinnitus en las orejas, y el volumen estaba muy, pero que muy, fuerte.

            Al salir, uno decía que le hubiera gustado escuchar ‘New Madrid’, otro que qué pena que no habían tocado ‘Monday’, a mí me fastidió que no sonara ‘Theologians’, podían haber tocado ‘ELT’, o ‘Box Full Of Letters’. Y es que es una cuestión de tiempo. Si hubieran tocado un concierto de cinco horas, todos habríamos aguantado sin rechistar, y no aguantado, sino volado con ellos. Ninguna banda actual puede competir con un repertorio tan rico, tan heterodoxo, tan variado, tan cañero. Ya no se hacen canciones así, ya no se tocan canciones así. Al final del viaje, queda el puro rock and roll a toda castaña y un regreso a unas raíces inexploradas. Al final del siglo la reina del casino se queda sin aliento. Como nos sentimos todos los presentes aquella mágica tarde en La Riviera. Queda el camino, queda un lento regreso hasta que tengamos la oportunidad de volver a sentirnos así. La banda sigue tocando en perfecta formación. Los tambores redoblan. El cielo azul tiembla por la mañana sobre el cielo de Madrid, mientras los fantasmas de Belleville te recuerdan que todavía te queda tiempo para ser testigo de epifanías que han chocado de frente contra la oscuridad del siglo XXI. No. Wilco no es la mejor banda del siglo XXI. Wilco no son de este tiempo. ¿Y de este planeta?


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