EL SIGNIFICADO DE 'AMERICAN PIE'

Por Kuratti - 26 de Abril, 2007, 15:47, Categoría: Roll Over Beethoven

       En 1971, Don McLean editó su obra maestra, American Pie. Como suele suceder con muchos grandes hitos de la historia de la música popular, la canción es muy conocida en nuestro país, pero tan sólo al rasero de su melódico y pegadizo estribillo, más últimamente a raíz de la película de marras y la versión de Madonna. Pero la realidad subyacente de esta canción, como es de suponer, trasciende la maniquea realidad de emisora de FM y grandes almacenes a que la catetería hispana, una vez más, ha sometido una obra tan esencial. American Pie parte de la trágica muerte el 3 de febrero de 1959 de The Big Bopper, Ritchie Valens y, sobre todo, del gran Buddy Holly. Es el día que la música murió. De la inmortal coda se hace también eco George Lucas en American Graffiti: el rock ha muerto desde que Buddy Holly murió. Los recuerdos aciagos de una muerte real, pero al mismo tiempo simbólica, porque representa el final de una era de inocencia y frescor, de intrascendente pero poderosa vitalidad, son el punto de partida y leit motiv constante de un impresionante fresco a pinceladas maestras que Don McLean traza sobre la historia de los años sesenta en los EEUU, subrayada aquella historia por la banda sonora perfecta, el devenir del rock and roll y la contracultura. American Pie es una apoteosis de la simbología mítica del rock: tan sólo Thunder Road de Springsteen y Hey Hey, My My de Neil Young pueden competir con ella en este sentido, pero para el lego, su simbología es críptica, empezando por el propio título de la canción. Partimos del día que la música murió, pero paradójicamente, la música siguió su curso, huyendo de su maldición pero, al mismo tiempo y trágicamente, ahondando en ella. McLean retrata la pérdida de la inocencia, la caída de Elvis y la epifanía de Dylan (the King and the Jester (el bufón) with a coat he borrowed from James Dean), la temprana muerte de los ídolos que pretendían señalar el camino a través del sentimiento (Janis, the girl who sang the blues), la definitiva caída del ingenuo y piojoso sueño del hippismo (la tragedia de Altamont, Jack flash sat on a candlestick), la crucifixion de Kennedy (No verdict was returned) y, en fin, la consecución de todas las creencias en los tres hombres que más admiramos, el padre, el hijo y el espíritu santo, sea, Holly, Valens y Bopper. Un día, McLean fue tocado por la tríada y la inspiración broto de su alma como jamás volvería a hacer para, así, crear una obra inmortal que reivindico de nuevo maldiciendo la enfermedad de la oscuridad que azota los centros comerciales y la trivialización de la música. En el enlace podéis ver un video magistral que lo explica todo.

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