LYCISCA

Por Kuratti - 7 de Enero, 2007, 21:44, Categoría: Urbs Roma

        Leía hace algún tiempo una interesante reflexión-exposición acerca de los usos y abusos sexuales y amorosos en la antigüedad clásica. Claro es que podrían hacerse allí algunas precisiones al asunto, como a todo,un asunto tratado de todas formas con cierto tino. ¡Ah, mi dulce Roma! Entre estas flores enfermas de la perversión erótica, toca de pasada el autor la anécdota que narra Juvenal acerca de la emperatriz zorra Mesalina, quien acostumbraba a vender su cuerpo en la Subura a todo macho en celo que por allí pasara. Así que si os place, os ofrezco aquí el fragmento, un fragmento sin desperdicio, como vereis abajo. Se trata del texto comprendido entre los versos 115-132 de la sátira VI de Juvenal (en la edición que manejo, la insuperable de W.V. Clausen, se altera el orden de los manuscritos [118-117] y se suprime el verso 126 que yo incluyo aquí). Vais a ver, vais a ver (para quien esté interesado en la poesía satírica de Juvenal, recomiendo la traducción de F. Socas publicada en Alianza, fina en todos los sentidos):

Vuelve tu mirada hacia los émulos de los dioses, escucha
lo que Claudio soportó. Al notarlo dormido su esposa
atreviéndose a tomar la capucha en el Palatino
la Augusta furcia y a dejar en la habitación una tapadera,
le abandonaba con la única compañía de una esclava.

Ocultando su cabello moreno con una peluca rubia,
entraba en el tibio prostíbulo con ajados harapos,
en el aposento, vacío y suyo; entonces, desnudas sus tetas
doradas, pone en la entrada el falso nombre de Lycisca
y muestra tu vientre, noble Británico.
Recibía dulcemente a los que entraban , les pedía dinero,
y sin parar se tragaba tendida las acometidas de todos.

En cuanto el proxeneta despacha a sus chicas,
triste se marcha, aunque, ya que pudo, cerró la última
su aposento, ardiendo todavía por la comezón de su vulva tiesa,
cansada de hombres, no saciada todavía se retiraba,
y sucia, con las mejillas negras, por el
humo de la lucerna,
contaminada llevaba a su almohada el olor del prostíbulo
.

        Esta Mesalina, hija de Barbato Mesala, primo del emperador Claudio, fue esposa aceptada y amada, al parecer, hasta que Claudio tuvo noticia de sus desvaríos ninfomaníacos y la ajustició (para más abundar, la joven, tras celebrar el matrimonio con C. Silio, había puesto en mano de los augures una dote), acabando con su vida. Cuenta Suetonio que el divino Claudio llegó a jurar ante la guardia pretoriana, bajo promesa de darse muerte, permanecer célibe de por vida. Volvió a casarse sin embargo con Agripina la menor (otra que bien bailaba) pero es probable que en su acción no existiera más propósito que allanar el terreno a la sucesión incongruente (Claudio tenía un hijo) de su hijastro Nerón. Probablemente Claudio siguió célibe, asqueado de la cosa aquella que horriblemente plasmaría luego Juvenal.

        El fragmento vertido aquí tiene su fundamento en el pesimista retrato de las costumbres degeneradas a las que han llegado las mujeres en Roma (¡qué lejos el virtuosismo de una Cornelia!), Roma en general. Estos “émulos de los dioses” (rivales en latín), por ser émulos precisamente, por estar cada vez más cimentados los principios del culto imperial en la Roma de Juvenal, parecían presos de una extraña tendencia de absoluta perversión. Desde Tiberio a Domiciano, sólo Claudio y Vespasiano están libres de prácticas escabrosas (así en nuestras fuentes) en la leyenda abrupta del sexo imperial.

         ¡Ah la augusta ramera Mesalina, cuánto gozaba con las acometidas de todos (cunctorum ictus), gozosa reina del falo mostrando su vientre preñado! Pues ese “noble Británico” es el hijo que tuvo con… ¿Claudio?, y nos viene a la mente aquel Naneyo de quien nos hablaba Marcial, que con su lengua experta adivinaba si lo que había dentro era niño o niña, pegado a la hinchada vulva. ¡Ah, la zorra Mesalina!, la loba, pues tanto es así que el nombre de Lycisca viene del griego lykos, lobo, y que “burdel” en latín se dice lupanar, el hogar de las lobas. Y acerca de la loba que amamantó a Romulo y Remo, nos dice racionalmente Livio que hay quienes dicen que Larentia, la esposa del pastor Faústulo que recogió a los gemelos, era conocida como lupa por venderse entre los pastores, y así Roma es hija de una puta y en ella reina la puta Mesalina. A propósito de esto, la palabra “prostituirse” procede de prostitit… titulum, poner en la puerta el nombre y el precio. Mesalina no necesitaba proxeneta. Ella misma fijaba los honorarios precisos para el goce de su vulva ardiente. Fijaos en la terrible imagen de esta ilustre ordeñadora llevando el sucio olor del putiferio al palacio de los dioses, contaminando su almohada (pulvinar). Fijaos, hijos de Roma, como nuestra abuela primera fue puta loba y nos dio el manjar gozoso de la emperatriz puta y todos así, nos cuenta Juvenal, somos grandes hijos de puta y hablamos el idioma puro de la putez.

   

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