MARRUECOS

Por Kuratti - 17 de Agosto, 2006, 16:44, Categoría: Microensayos de la Realidad

       Estos días me gustaría aprovechar el asueto vacacional más en piloto automático, i.e., última quincena de agosto, para actualizar un poco el bloggie, tal vez inconexamente, dejando plasmado aquí algunos pensamientos que me vienen y se van últimamente de la cabeza (me vienen más bien pocos, a decir verdad). He regresado hace poco de Marruecos. Recorrimos sus caminos entrando por Ceuta, parando en Chauen, Fez, con estaciones en Volubilis y Mulay Idriss, Ifrane, Azrou, Beni Mellal, Ouzoud y sus cascadas, Marrakech, Essaouira, El Jadida para acabar en la decadente Tánger, evocadora, durmiendo en casa de unos amigos antes de volver a la inmortal Tarifa (inmortal pero cada vez más en declive, menos auténtica, más huraña...). Un viaje así es iluminador por varias razones: las más evidentes se relacionan con el hecho de contemplar un mundo completamente diverso del nuestro, de la incómoda comodidad y la seguridad de estos días de la puñetera aldea global. Menos claro es el embrujo subyacente a la trapalería, a la picaresca descarnada, al que te venden a su padre en pelotas, y al disimular sus intenciones ladinas con la máscara de una hospitalidad que es cínica al setenta por ciento, especialmente en las ciudades que te venden las agencias de viaje (sea, Marrakech, Fez...). En lo que a mis expectativas concernía, vi realizadas plenamente dos, la imponente visita a la antigua Volubilis, nueva perspectiva geográfica de la misma misión urbanística (remito a una futura edición de Urbs Roma) y el recorrido por los escenarios del Othello de Welles: pocos instantes tan impresionantes como el sonido del chapoteo de la cisterna portuguesa de la, por otra parte, poco atractiva ciudad de El Jadida. Me he impuesto la misión de ir revisitando a Welles de nuevo e ir dejando aquí reflexiones (look forward Cinemático). La tercera expectativa era culinaria y fue un breve chasco langostero. No he de extenderme en esto: demasiado terrenal.

    Pero ¿qué sucede en la calle? En Azrou, un niño de unos seis años, ronda alrededor de mi coche mientras vamos a comprar unas alfombras en una curiosa tienda bereber. Me pide. Su rostro me desconcierta. Le doy unas monedas, dos o tres dirhams (treinta céntimos de euro), y una chocolatina rellena de caramelo. En su cara se dibuja una sonrisa, matizada cuando nos marchamos por un saludo con la mano. Esa sonrisa la tengo todavía clavada en el corazón. Como la del aparcacoches de la fea Beni Mellal, lugar carente de atractivo pero que nunca podremos olvidar. Un trozo de carne en pan y un zumo sobre un cajón de madera a modo de asiento. Nuestro amigo el aparcacoches. En Fez, por el contrario, el pollo intenta sacarme cada día un paquete de tabaco, varias cervezas. Le di cuatro birras el primer día, otras tantas el segundo, y salió corriendo con ellas dejando a su compañero, que al alimón era el que guardaba el aparcamiento ese día, con un palmo de narices, eso sí, después de hacerle darse una carrera de muerte y ridícula por medio de la plaza Batha. Y ese era un hombre cabal. El de la carrera, digo, el otro un impresentable. Yo, como suele, me doy cuenta tarde. Incluso vimos un muerto tirado en una cuneta de la carretera. Incluso hipnoticé a un tendero de Marrakech con unos acordes de guitarra, una que quería venderme, claro, y se olvidó de ello. Incluso escuché a Dylan dos veces en las calles (era imposible buscar discos: sólo ratonerío autóctono): en Chauen Blowin' in the Wind, versión original, por supuesto, en un CD que daba saltos, en Ouzoud, cosa mágica, junto a las cascadas y puestos de baratijas bereberes, Precious Angel, que, previamente, en el coche, se la había señalado a Yoli como muestra de canción pertinente a este viaje, por lo que tiene de lección de historia de las religiones (you were tellin' about Mahomma in the same breath). Finalmente, que destrozo provoca, como siempre, la religión. Los ritos están, como siempre, por siempre, preñados de idiota conmiseración. Murakami dixit. En la foto la Skala de Essaouira.

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