CRASH ON THE LEEVE

Por Kuratti - 21 de Mayo, 2006, 15:42, Categoría: New Groove of Trees

         Hace algunos meses manifestaba en el bloggie mi inquietud por lo que podría suceder este año después del bombardeo dylaniano de la temporada pasada, con punto culminante en la apoteosis de No Direction Home y la ingente aparición de libros, discos, bootlegs, DVDs más el continuo girar del Maestro, trayéndonos al tiempo de ocio devastadores debates acerca del estado real del arte interpretativo del hombre. No está completa mi inquietud, y a día de hoy tenemos más de un motivo para volver a alucinar y dejar llevar nuestros sueños a la tierra de los sueños dylanianos. Ya podemos disfrutar de tres ediciones del maravilloso show radiofónico de XM, Theme Time Radio Hour, que como, era de esperar, empieza a circular por la red apenas se ha emitido. Dylan se convierte en un titán de las ondas, demostrando que, además de ser una enciclopedia musical andante, sabe cómo hay que buscar las cosquillas a una emisión de este tipo para hacernos remontar el vuelo desde la oscuridad de los tiempos de hoy. A otra esperamos expectantes la publicación del nuevo disco, que se producirá casi seguro a final de agosto o septiembre (fecha últimamente predilecta: tanto Time Out Of Mind como Love and Theft cayeron por aquí). Mientras soñamos con un segundo volumen de Chronicles se aproxima la aparición del diccionario enciclopédico de Michael Gray, a complementar el estupendo pero insuficiente Keys to the Highway de Oliver Tragger. Pero lo más trascendental, al menos desde mi enfermizo punto de vista, es la nueva gira europea de Dylan que recalará en cinco fechas ibéricas. Prestemos atención al asunto esencial de una nueva oportunidad para disfrutar, aquí a la vera misma, del gran show de Bob Dylan.

           La definitiva serie de conciertos ha ido bailando de una a otra semana. Después de una fecha inicial en Zaragoza, el 7 de julio, la lista fue hasta hace poco Cap Roig (Gerona, 6), Zaragoza (7), Villalba (Madrid, Viajazz Festival, 8), Salamanca (9) y Donosti (11, concierto gratuito al que habrá que prestar una atención diferente). Ahora Zaragoza (la mala suerte de los pioneros, en realidad promotores acojonados) y Salamanca se han convertido en Valencia y Valladolid. Las entradas de Gerona, concierto reducido, carísimo, al parecer en un lugar idílico de la Costa Brava, han volado (no llegan a 2000). Las de Valencia están ya colgadas en una página pero todavía no se pueden comprar. Las de Madrid están en el limbo, y, lo más perturbador, en la página de Bob Links, el show de Pucela sólo se asegura a un 90 %. Esto me pone un poco nervioso porque, tal las cosas, este concierto es el único que podré atender (y daré oportuna cuenta en el bloggie). Razones familiares me impiden estar en el de Villalba, lugar sagrado y especial para un servidor: allí gocé de sublimes conciertos de Solomon Burke y Brian Wilson. Si no sale el de Valladolid estaría casi obligado a ir a San Sebastián... Y mientras vamos esperando una resolución definitiva del enigma, sería importante adelantar unas claves sobre lo que se avecina, en especial para ir calentando los motores de los lectores del Bloggie de Kuratti que esperan asistir a alguna de estas efemérides trascendentales.

        El inicio de la gira de este año (1 de abril, Reno, Nevada), ha presentado una serie de novedades respecto a lo que veníamos disfrutando desde meses atrás. Por supuesto Dylan sigue ocupando el extremo izquierdo del escenario (derecho suyo) frente a un teclado (existen serios rumores de que en las pruebas de sonido, que Mr. Dylan está atendiendo ultimamente contra su costumbre ancestral, suele pulsar las añoradas cuerdas de su guitarra: pude ser testigo del ansiado gesto durante el concierto de Barcelona el 7 de julio de 2004, cuando la agarró durante All Along the Watchtower, para dejarla a continuación). Pero el teclado ya no suena a ese piano honky tonk reminiscente de su estrambótico y genial uso de la gran dama, sino a órgano, pero un sonido que al principio te desconcierta, e incluso te molesta, después de hipnotiza. Dos músicos, Denny Freeman y Donnie Herron han sustituido a Larry Campbell desde su última visita a España, y la banda suena más robusta pero menos trascendental. Ol’ Larry, we miss ya. Los repertorios escogidos, por otra parte, son sorprendentes. Y lo son porque se trata del tramo de la Never Ending Tour en apariencia más inmovilista en ese sentido desde 1993. Esta impresión se debe básicamente al hecho de que Dylan ha articulado tres repertorios desde el principio, el encabezado por Maggie’s Farm, otro por Things Have Changed, otro por Most Likely You Go Your Way, con muy pocas variantes cada uno respecto de otro día interpretado y sin apenas sorpresas. El primero de ellos es el que se lleva la palma triunfal, si bien los últimos shows se han permitido mayor libertad en las combinaciones: tanto es así que al final, el número de canciones distintas interpretadas es de 50, no muy distinto en realidad de lo que viene sucediendo los años pasados (en realidad en 2005 no interpretó más de 100 canciones distintas, y por tanto la cifra dada antes es considerable, la sensación viene producida por que la variedad se articula en tres repertorios más monolíticos). Por desgracia, la mejor de las noticias, la desaparición de Tweedle Dee and Tweedle Dum, canción al principio vibrante, culpable ahora sólo por estar ahí, junto a la insistente aparición los primeros días de Queen Jane Aproximately, se ha girado dando paso a la situación inversa. Vuelven los dos malandrines y se marcha la pobre reina. Los observadores parciales también habrán visto menos canciones en cada set (como unas catorce). Esto se debe a que compartía cartel con Merle Haggard, lo que no pasaba en los primeros conciertos, pero tampoco se aumentaba sobremanera el material ofertado, sobre unas dieciséis canciones, que es lo que tenemos que esperar ahora, poco más o menos como en el 2004. Pero sin duda, lo más sorprendente tiene que ver con la nueva articulación vocal de Dylan: el molesto updown singin’, esa manía de subir una octava al final de cada frase que arruinaba joyas como Highwater o Tambourine Man, es sustituido por una curiosa adopción de modos barítonos que alcanzan su clímax en la sorprendente recreación de She Belongs To Me que sucede invariablemente al arranque (menos furioso también por esto) de Maggie’s Farm. Es increíble ver como el hombre todavía persigue nuevos territorios interpretativos a estas alturas de película. Advertencia para los legos: un show de Dylan no es un ítem nostálgico. Si lo que buscáis es el pañuelito y el mecherito, corriendo a ver a Macca o a los Stones, maestros de dar a la plebe lo que busca.

        Y esto me lleva a referir el famoso concierto de Donosti: apenas salta la noticia y ya están los medios haciéndose eco de que Dylan va a dar un concierto gratuito “por la paz”. Alguno se esperará todavía Blowin’ in the Wind con la guitarrita. A lo mejor se esperan hasta la intervención estelar de Joanie. Evidentemente se trata de un concierto más (y seguramente más corto), importante porque será la mayor multitud ante la que jamás Dylan se haya visto las caras en nuestro país. Pero esa multitud, desconocedora de la realidad esencial, seguirá esperando respuestas en el viento y todos los tópicos que se plasman habitualmente en la prensa y en los medios al uso: desde que llevo asistiendo a conciertos de Dylan, desde 1991, apenas he leído una crónica inteligente. Repertorio de disparates, la antología de dislate y esperpento puede llegar a su culmen con la cita vasca. Sólo una hecatombe me hará estar allí, pero el asunto va a traer cola: al tiempo.

         Para acabar, una pequeña reflexión sobre cómo la gira interminable de Dylan ha cambiado la concepción del tiempo. En Reno interpretó Never Gonna Be The Same Again, esa dulzona tonada incluida en Empire Burlesque, disco con el dudoso honor de tener la portada más terrible (tal vez no sólo de Dylan, sino de la historia del rock), de 1985. En junio de 1995 fue interpretada, por ejemplo, en Filadelfia, en el Theater of Living Arts, una de las más reputadas actuaciones de la década pasada. La diferencia de tiempo es la misma, una década, pero la percepción del trasvase desde la mitad de los ochenta a la de los noventa no es la misma que de ahí a este momento. Dylan es otro, su concepción de la actuación en directo se ha transformado por completo desde 1995 (pensad sólo en su indumentaria, desde las floripondiosas camisas rosas del 95 a la completa austeridad oscura del momento), pero la percepción de esa transformación no es igual, al haberse establecido una línea diáfana de continuidad trascendental a través de los ingentes y hercúleos labores de la Never Ending Tour. El tiempo ha sufrido un extraño sortilegio que seguiremos viviendo mientras quede una sola esperanza de continuar asistiendo al más importante evento cultural que existe sobre la tierra, un concierto de Bob Dylan.

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