LIBER CATULLI VERONENSIS: VOL. 1

Por Kuratti - 17 de Mayo, 2006, 14:31, Categoría: Urbs Roma

            Estas son unas versiones mías de Catulo que os iré ofreciendo en el bloggie poco a poco, que puede que no sean tan buenas como otras que hay rulando por ahí, pero tienen la ventaja de que las he hecho yo, como un tributo a la locura de los manes inmortales, y así nos vamos entreteniendo.

            Catulo tenía la costumbre de llamar a sus poemas nugae, bagatelas, piezas cortas e intrascendentes lejos de la pompa de lo sublime de la épica y la tragedia. Aun así, no dejó de intentar empresas de vuelos más altos, poemas épicos en miniatura (conocidos como epilios en el argot de la filología), densas elegías o canciones de boda (epitalamios) en distintos registros métricos que tratan de acercarse a la magia de los poetas griegos, maestros de vida y pasión, probablemente los dos esenciales pilares catulianos. Algo de todo esto os ofrezco aquí, deteniéndome en los poemas más guarretes y plasmando aquí también algo de los poemas doctos. Para hacer justicia a la fama voraz, también os traduzco algunos de los dedicados a Lesbia, la terrible locura amorosa de nuestro poeta y la faceta más conocida de su poesía. Esta Lesbia era una buena pieza llamada en realidad Claudia Pulcher, hermana de un famoso agitador de tiempos de finales de la república romana, Claudio Pulcher, contra quien obró Cicerón. Ya te comentaré algo a través de las breves introducciones que haremos a nuestras versiones que irán dibujándose poco a poco. Pues eso, sea.

 1.     El primer poema que vamos a leer, es también el primero del libro de Catulo de Verona, y es una dedicatoria. Nada mejor, entonces, para empezar. El destinatario es Cornelio Nepote, aquel que escribió las vidas de hombres ilustres de la antigüedad. Parece raro, sea como sea, que un hombre tan dicharachero como Catulo dedique sus cosas a hombre tan sesudo como Nepote, y así hay que pensar en que no es de desdeñar la idea de la ironía. Sin embargo, ya en su vejez, Nepote se quejaría amargamente de la muerte de la poesía desde que Catulo y Lucrecio murieron. No miraba, sin duda, Nepote la fuerza de aquellos poetas jóvenes que empezaban entonces a descollar como relumbrón y cumbre del espíritu antiguo: Virgilio y Horacio. La "doncella protectora" (virgo patrona) es, claro, Minerva, la virgen Palas Atenea, diosa de la sabiduría y las artes liberales.



¿A quién regalo mi librillo, nuevo, gracioso

recién pulido con seca piedra pómez?

Cornelio, a ti; porque tu solías

pensar que mis bagatelas valían algo

ya entonces, al ser el único ítalo en atreverse

a contar toda la historia en tres libros

doctos, por Júpiter, y afanosos.

Por lo cual ten para ti cualquier cosa que sea

este librillo y como sea; que, doncella protectora,

ojalá perviva más de un siglo.

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