Mayo del 2006

BOB DI MAGGIO DID IT AGAIN

Por Kuratti - 24 de Mayo, 2006, 17:28, Categoría: New Groove of Trees

        ¡Siiii! La cuarta edición de Theme Time Radio Hour dedicada al beísbol ha incluido el maravilloso Joe DiMaggio's Done It Again de Guthrie tras el impresivo plasma de los dos mayores genios de la música contemporánea (quiero decir, de los noventa a ahora), Billy Bragg y Wilco. ¡Great, Bob! Ya habló de ellos en Chronicles: Dylan iba a ser el que se ocupara de las canciones inéditas de Woody, pero un giro del destino, la lluvia y la timidez de Dylan hicieron el resto. D. J. Bob did it again. Puedes ver las listas de canciones emitidas en Theme Time Radio Hour aquí:

                                           http://www.notdarkyet.org/themetime.html

  Y bajarte el programa aquí (si no podéis dejarlo en 'comentarios' y lo explico):

                                          Theme Time Radio Hour 4th Show Baseball

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CRASH ON THE LEEVE

Por Kuratti - 21 de Mayo, 2006, 15:42, Categoría: New Groove of Trees

         Hace algunos meses manifestaba en el bloggie mi inquietud por lo que podría suceder este año después del bombardeo dylaniano de la temporada pasada, con punto culminante en la apoteosis de No Direction Home y la ingente aparición de libros, discos, bootlegs, DVDs más el continuo girar del Maestro, trayéndonos al tiempo de ocio devastadores debates acerca del estado real del arte interpretativo del hombre. No está completa mi inquietud, y a día de hoy tenemos más de un motivo para volver a alucinar y dejar llevar nuestros sueños a la tierra de los sueños dylanianos. Ya podemos disfrutar de tres ediciones del maravilloso show radiofónico de XM, Theme Time Radio Hour, que como, era de esperar, empieza a circular por la red apenas se ha emitido. Dylan se convierte en un titán de las ondas, demostrando que, además de ser una enciclopedia musical andante, sabe cómo hay que buscar las cosquillas a una emisión de este tipo para hacernos remontar el vuelo desde la oscuridad de los tiempos de hoy. A otra esperamos expectantes la publicación del nuevo disco, que se producirá casi seguro a final de agosto o septiembre (fecha últimamente predilecta: tanto Time Out Of Mind como Love and Theft cayeron por aquí). Mientras soñamos con un segundo volumen de Chronicles se aproxima la aparición del diccionario enciclopédico de Michael Gray, a complementar el estupendo pero insuficiente Keys to the Highway de Oliver Tragger. Pero lo más trascendental, al menos desde mi enfermizo punto de vista, es la nueva gira europea de Dylan que recalará en cinco fechas ibéricas. Prestemos atención al asunto esencial de una nueva oportunidad para disfrutar, aquí a la vera misma, del gran show de Bob Dylan.

           La definitiva serie de conciertos ha ido bailando de una a otra semana. Después de una fecha inicial en Zaragoza, el 7 de julio, la lista fue hasta hace poco Cap Roig (Gerona, 6), Zaragoza (7), Villalba (Madrid, Viajazz Festival, 8), Salamanca (9) y Donosti (11, concierto gratuito al que habrá que prestar una atención diferente). Ahora Zaragoza (la mala suerte de los pioneros, en realidad promotores acojonados) y Salamanca se han convertido en Valencia y Valladolid. Las entradas de Gerona, concierto reducido, carísimo, al parecer en un lugar idílico de la Costa Brava, han volado (no llegan a 2000). Las de Valencia están ya colgadas en una página pero todavía no se pueden comprar. Las de Madrid están en el limbo, y, lo más perturbador, en la página de Bob Links, el show de Pucela sólo se asegura a un 90 %. Esto me pone un poco nervioso porque, tal las cosas, este concierto es el único que podré atender (y daré oportuna cuenta en el bloggie). Razones familiares me impiden estar en el de Villalba, lugar sagrado y especial para un servidor: allí gocé de sublimes conciertos de Solomon Burke y Brian Wilson. Si no sale el de Valladolid estaría casi obligado a ir a San Sebastián... Y mientras vamos esperando una resolución definitiva del enigma, sería importante adelantar unas claves sobre lo que se avecina, en especial para ir calentando los motores de los lectores del Bloggie de Kuratti que esperan asistir a alguna de estas efemérides trascendentales.

        El inicio de la gira de este año (1 de abril, Reno, Nevada), ha presentado una serie de novedades respecto a lo que veníamos disfrutando desde meses atrás. Por supuesto Dylan sigue ocupando el extremo izquierdo del escenario (derecho suyo) frente a un teclado (existen serios rumores de que en las pruebas de sonido, que Mr. Dylan está atendiendo ultimamente contra su costumbre ancestral, suele pulsar las añoradas cuerdas de su guitarra: pude ser testigo del ansiado gesto durante el concierto de Barcelona el 7 de julio de 2004, cuando la agarró durante All Along the Watchtower, para dejarla a continuación). Pero el teclado ya no suena a ese piano honky tonk reminiscente de su estrambótico y genial uso de la gran dama, sino a órgano, pero un sonido que al principio te desconcierta, e incluso te molesta, después de hipnotiza. Dos músicos, Denny Freeman y Donnie Herron han sustituido a Larry Campbell desde su última visita a España, y la banda suena más robusta pero menos trascendental. Ol’ Larry, we miss ya. Los repertorios escogidos, por otra parte, son sorprendentes. Y lo son porque se trata del tramo de la Never Ending Tour en apariencia más inmovilista en ese sentido desde 1993. Esta impresión se debe básicamente al hecho de que Dylan ha articulado tres repertorios desde el principio, el encabezado por Maggie’s Farm, otro por Things Have Changed, otro por Most Likely You Go Your Way, con muy pocas variantes cada uno respecto de otro día interpretado y sin apenas sorpresas. El primero de ellos es el que se lleva la palma triunfal, si bien los últimos shows se han permitido mayor libertad en las combinaciones: tanto es así que al final, el número de canciones distintas interpretadas es de 50, no muy distinto en realidad de lo que viene sucediendo los años pasados (en realidad en 2005 no interpretó más de 100 canciones distintas, y por tanto la cifra dada antes es considerable, la sensación viene producida por que la variedad se articula en tres repertorios más monolíticos). Por desgracia, la mejor de las noticias, la desaparición de Tweedle Dee and Tweedle Dum, canción al principio vibrante, culpable ahora sólo por estar ahí, junto a la insistente aparición los primeros días de Queen Jane Aproximately, se ha girado dando paso a la situación inversa. Vuelven los dos malandrines y se marcha la pobre reina. Los observadores parciales también habrán visto menos canciones en cada set (como unas catorce). Esto se debe a que compartía cartel con Merle Haggard, lo que no pasaba en los primeros conciertos, pero tampoco se aumentaba sobremanera el material ofertado, sobre unas dieciséis canciones, que es lo que tenemos que esperar ahora, poco más o menos como en el 2004. Pero sin duda, lo más sorprendente tiene que ver con la nueva articulación vocal de Dylan: el molesto updown singin’, esa manía de subir una octava al final de cada frase que arruinaba joyas como Highwater o Tambourine Man, es sustituido por una curiosa adopción de modos barítonos que alcanzan su clímax en la sorprendente recreación de She Belongs To Me que sucede invariablemente al arranque (menos furioso también por esto) de Maggie’s Farm. Es increíble ver como el hombre todavía persigue nuevos territorios interpretativos a estas alturas de película. Advertencia para los legos: un show de Dylan no es un ítem nostálgico. Si lo que buscáis es el pañuelito y el mecherito, corriendo a ver a Macca o a los Stones, maestros de dar a la plebe lo que busca.

        Y esto me lleva a referir el famoso concierto de Donosti: apenas salta la noticia y ya están los medios haciéndose eco de que Dylan va a dar un concierto gratuito “por la paz”. Alguno se esperará todavía Blowin’ in the Wind con la guitarrita. A lo mejor se esperan hasta la intervención estelar de Joanie. Evidentemente se trata de un concierto más (y seguramente más corto), importante porque será la mayor multitud ante la que jamás Dylan se haya visto las caras en nuestro país. Pero esa multitud, desconocedora de la realidad esencial, seguirá esperando respuestas en el viento y todos los tópicos que se plasman habitualmente en la prensa y en los medios al uso: desde que llevo asistiendo a conciertos de Dylan, desde 1991, apenas he leído una crónica inteligente. Repertorio de disparates, la antología de dislate y esperpento puede llegar a su culmen con la cita vasca. Sólo una hecatombe me hará estar allí, pero el asunto va a traer cola: al tiempo.

         Para acabar, una pequeña reflexión sobre cómo la gira interminable de Dylan ha cambiado la concepción del tiempo. En Reno interpretó Never Gonna Be The Same Again, esa dulzona tonada incluida en Empire Burlesque, disco con el dudoso honor de tener la portada más terrible (tal vez no sólo de Dylan, sino de la historia del rock), de 1985. En junio de 1995 fue interpretada, por ejemplo, en Filadelfia, en el Theater of Living Arts, una de las más reputadas actuaciones de la década pasada. La diferencia de tiempo es la misma, una década, pero la percepción del trasvase desde la mitad de los ochenta a la de los noventa no es la misma que de ahí a este momento. Dylan es otro, su concepción de la actuación en directo se ha transformado por completo desde 1995 (pensad sólo en su indumentaria, desde las floripondiosas camisas rosas del 95 a la completa austeridad oscura del momento), pero la percepción de esa transformación no es igual, al haberse establecido una línea diáfana de continuidad trascendental a través de los ingentes y hercúleos labores de la Never Ending Tour. El tiempo ha sufrido un extraño sortilegio que seguiremos viviendo mientras quede una sola esperanza de continuar asistiendo al más importante evento cultural que existe sobre la tierra, un concierto de Bob Dylan.

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NOCHES DURAS EN DIAS TIERNOS

Por Kuratti - 18 de Mayo, 2006, 14:45, Categoría: Cinemático

            Antiguo artículo que escribí para una revista que nunca vio la luz a propósito del reestreno de '¡Qué noche la de aquel día', hace cuatro o cinco años. Creo que fui un poco duro, pero ahí van estos pensamientos de antaño.


        Es de agradecer, tal como hoy va andando la cosa, que se permita una nueva visita a las inocentes imágenes de la película que Richard Lester rodara en 1964 aprovechando el enorme tirón popular, por aquel entonces, de visos sociológicos y consecuencias archiconocidas, del famoso cuarteto de Liverpool, The Beatles. De hecho, "A Hard Day"s Night", torpemente traducida aquí por "¡Qué Noche la de Aquel Día!", versión que introduce en el título un matiz nostálgico que parece propicio hoy pero que no tiene nada que ver con el declarativo enunciado del original, no es otra cosa que un pseudo-documental sobre la furia inicial de la beatlemanía, en un momento en el que todavía no se había cobrado sus siniestros frutos (y no me refiero precisamente a la muerte de Lennon, sino a los que reflejan canciones como "I"m a Loser" o "Help!").

Bajo esta pretensión de "cinema verité" se esconde uno de los más vergonzosos casos de extorsión fílmica de la historia del cine, pues al insano aprovechamiento comercial del bombazo provocado por el afamado grupo británico y sus sabios jerifaltes comerciales debe sumarse la carencia absoluta de un mínimo hilo argumental (lo que no tendría por qué ser una tacha, pero aquí lo es), aunque visto después lo que ocurriría en "Help!", un engendro aun mayor, es de agradecer dicha ausencia para ensartar "mejor" la estructura de video-clip que impera en "A Hard Day"s Night". La pretensión de "retrato de un día en la vida de los Fab Four" patina por todas partes por varias razones, la fundamental de las cuales es la absoluta carencia de carisma fílmico de los miembros del grupo, a excepción de Ringo Starr, que protagoniza en solitario los mejores momentos del film, en especial su escapada del estudio de televisión camuflado bajo un gran abrigo y un sombrero huyendo de la vorágine a la que les tiene sometido el merchandising oficial del fenómeno "beatle". Tras los preciosos acordes de "This Boy", Ringo se convierte en embajador del buen gusto en medio de una sinfonía lírica de imágenes que ofrecen el contrapunto a la cursilería embravecida de la mayor parte de lo ofrecido por el metraje de la cinta, ante la que las películas de Elvis en Hawäi bien pueden calificarse de monumentos insondables.

No debe, sin embargo, escatimarse a la película el mérito histórico de haber supuesto el punto de partida a todo un subgénero como es el de las películas con grupo musical de las que en España tuvimos buen ejemplo y rendida cuenta en las infames y deliciosas películas de Los Bravos ("Dame un poquito de amooor", "Los Chicos con las Chicas"), la obra maestra de Iván Zulueta "Un, dos, tres al escondite inglés", y otros ejemplos más recientes de los que acordarme no desearía bajo la batuta de Manuel Summers. A la vez, su valor como documento histórico es evidente aunque sólo sea por el modo en el que falsea la realidad (así lo confirma el propio Lennon en palabras a Jay Wennner en "Playboy" 1970) y por abrir campo a la obra, esta sí, trepidante de autores como D.A. Pennebaker. Pese a su canónico lugar fundacional en las lides del cine británico independiente, de quien Richard Lester es sin duda uno de los principales baluartes, gracias a películas como "Golfus de Roma" (1966), "Petulia" (1969) o "Cómo gané la Guerra" (1966) con el propio Lennon haciendo un papel un poco más interesante que el suyo propio en los dos subproductos beatlemaníacos, hoy día, su interés es básicamente el de cerrar los ojos para escuchar en sonido remasterizado la inmortal música que preside el engendro: lindezas como "I should have known better" , "And I love her" o "Tell me Why". Pero más vale cerrar los ojos, porque los héroes de plástico ponen nervioso con sus ridículas poses de niño bonito, en especial Paul McCartney, que a sus 60 sigue haciendo el tonto de la misma manera que en "A Hard Day"s Night". Si es que hay cosas que nunca cambian…


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LIBER CATULLI VERONENSIS: VOL. 1

Por Kuratti - 17 de Mayo, 2006, 14:31, Categoría: Urbs Roma

            Estas son unas versiones mías de Catulo que os iré ofreciendo en el bloggie poco a poco, que puede que no sean tan buenas como otras que hay rulando por ahí, pero tienen la ventaja de que las he hecho yo, como un tributo a la locura de los manes inmortales, y así nos vamos entreteniendo.

            Catulo tenía la costumbre de llamar a sus poemas nugae, bagatelas, piezas cortas e intrascendentes lejos de la pompa de lo sublime de la épica y la tragedia. Aun así, no dejó de intentar empresas de vuelos más altos, poemas épicos en miniatura (conocidos como epilios en el argot de la filología), densas elegías o canciones de boda (epitalamios) en distintos registros métricos que tratan de acercarse a la magia de los poetas griegos, maestros de vida y pasión, probablemente los dos esenciales pilares catulianos. Algo de todo esto os ofrezco aquí, deteniéndome en los poemas más guarretes y plasmando aquí también algo de los poemas doctos. Para hacer justicia a la fama voraz, también os traduzco algunos de los dedicados a Lesbia, la terrible locura amorosa de nuestro poeta y la faceta más conocida de su poesía. Esta Lesbia era una buena pieza llamada en realidad Claudia Pulcher, hermana de un famoso agitador de tiempos de finales de la república romana, Claudio Pulcher, contra quien obró Cicerón. Ya te comentaré algo a través de las breves introducciones que haremos a nuestras versiones que irán dibujándose poco a poco. Pues eso, sea.

 1.     El primer poema que vamos a leer, es también el primero del libro de Catulo de Verona, y es una dedicatoria. Nada mejor, entonces, para empezar. El destinatario es Cornelio Nepote, aquel que escribió las vidas de hombres ilustres de la antigüedad. Parece raro, sea como sea, que un hombre tan dicharachero como Catulo dedique sus cosas a hombre tan sesudo como Nepote, y así hay que pensar en que no es de desdeñar la idea de la ironía. Sin embargo, ya en su vejez, Nepote se quejaría amargamente de la muerte de la poesía desde que Catulo y Lucrecio murieron. No miraba, sin duda, Nepote la fuerza de aquellos poetas jóvenes que empezaban entonces a descollar como relumbrón y cumbre del espíritu antiguo: Virgilio y Horacio. La "doncella protectora" (virgo patrona) es, claro, Minerva, la virgen Palas Atenea, diosa de la sabiduría y las artes liberales.



¿A quién regalo mi librillo, nuevo, gracioso

recién pulido con seca piedra pómez?

Cornelio, a ti; porque tu solías

pensar que mis bagatelas valían algo

ya entonces, al ser el único ítalo en atreverse

a contar toda la historia en tres libros

doctos, por Júpiter, y afanosos.

Por lo cual ten para ti cualquier cosa que sea

este librillo y como sea; que, doncella protectora,

ojalá perviva más de un siglo.

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THE VAMPYRE BY JOHN W. POLIDORI

Por Kuratti - 11 de Mayo, 2006, 18:39, Categoría: Cinemático

      Este es el enlace al blog que hemos abierto Alejandro y yo con el objeto de ir describiendo las fases de producción de nuestro proyecto de corto THE VAMPYRE BY JOHN W. POLIDORI. Espero que lo visitéis porque en él encontraréis todas las noticias sobre todo lo que ocurra al respecto, junto a material complementario de romántica catadura.

                                                   http://vampyrepolidori.blogspot.com/

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EL GRAN PRÍNCIPE DEL FOLK

Por Kuratti - 5 de Mayo, 2006, 13:44, Categoría: Roll Over Beethoven

       Anonadado. Me he quedado anonadado. El nuevo disco de Bruce Springsteen, 'The Seeger Sessions', aparte de ser una obra maestra de frescura, un monumento a un tipo de canciones que ya no se pueden hacer porque no existe en el mundo la esencia que las motivó, aparte de llevar de nuevo al de Freehold a la carretera, aparte de alegrarte la vida a la vez que te hace reflexionar sobre sus más oscuros aspectos, aparte de todo esto es una obra fundamental por una serie de cuestiones que intentaré enumerar a continuación. Todas estas cuestiones son trascendentales y acercan al viejo Bruce al absoluto, lugar que ronda desde antaño junto a los mayores maestros del espíritu. Se trata, junto al video de 'Storytellers' de VH1, de un suceso extraordinario, porque la sinceridad de Springsteen es aquí la esencia de un modo de concebir la realidad que permite a los espíritus enfermos sanar las heridas en el río.

      "The Seeger Sessions" recuerda en su concepción y en su espíritu a la obra quizás más trascendental de Bob Dylan, "The Basement Tapes". Alguien se dirá que cómo es que me atrevo a llamar a TBT la obra "más trascendental" del Maestro. Respondo: lo es en el sentido que Greil Marcus descubrió en 'The Invisible Republic', en el de la forja de una nación invisible, que desarrolla sus problemas y su casuística a partir de unos temas recurrentes y una forma de expresión que parecen partir de un folklore nacional pero que, en realidad, brotan de un subconsciente imaginario que no es posible sino en el dolor y en las desventuras de seres que surgen de las tormentas de arena y se marchan con el viento. Por eso, lo que voy a decir a continuación no es del todo exacto: "The Seeger Sessions" demuestra, una vez más, que las manifestaciones artísticas estadounidenses son las más importantes y relevantes del siglo XX y los arranques del siglo XXI. Esa estúpida postura del europeo complaciente, más aun, del españolito complaciente, que mira desde su atalaya de presunta superioridad cultural, necesariamente debe quedar hecha trizas ante una manifestación de poder transmisor tal. Esto parece contradecir, sí, lo que he dicho antes, porque no es cultura estadounidense. Es la invisible república, la que no se ve. Pero es que esta surge de lo más profundo de los arrabales de ese mundo despreciado, ese mundo que ha generado a Pete Seeger, a Woody Guthrie, a Cisco Huston, a Charley Patton, a Doc Pomus, a Jimmie Rodgers. Springsteen, desde su arrogado papel de sincero recreador de las invisibles palabras del cancionero folklórico, ha aceptado el reto de utilizar su rol de rock star, ídolo de masas, para lanzar al mundo estas canciones inexistentes, para que el mundo sepa quién es Pete Seeger, para que el mundo entero escuche 'John Henry', 'Shenandoah', 'We Shall Overcome' (esta, por cierto, data de una sesión de hace casi diez años, germen de esta obra maestra). Seeger, epígono de Guthrie, nonagenario rey del folk, purista visión de un mundo perdido que se puede recuperar viendo el "Festival" de Murray Lerner, tiene en su haber el impresionante legado de haber amamantado los sueños de los que saben, a ciencia clara, que aquí está la respuesta a muchas preguntas. "¿Dónde se han ido las flores?", se preguntaba Seeger en una de sus canciones. Escuchen a Marlene Dietrich cantar su versión ("Sag mir wo die Blumen sind"). La evocación de la tragedia de la Caza de Brujas del senador McCarthy en voz de la Dietrich llama a otro sentimiento, más escondido, más profundo...Guerra, tumbas, sueños. Aquella canción de Seeger es, en realidad, un punto y aparte en el desarrollo de la instancia humana. Desde entonces, muy pocos, tan sólo unos pocos, se han atrevido a revolver la llaga en el dolor de un mundo invisible y desconocido. Bruce Springsteen, de Freehold, New Jersey, lo ha vuelto a hacer.

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RECOJA LOS EXCREMENTOS DE SU PERRO

Por Kuratti - 2 de Mayo, 2006, 17:40, Categoría: Microensayos de la Realidad

    Recupero aquí un antiguo escrito de hace algunas temporadas: la reflexión que hay dentro es todavía valida...

    Paseando el otro día por Sevilla, cosa que para vosotros parecerá asunto normal y baladí, para mí excepcional desde mi posición de autoexilio que permite el gozo y el deleite de cualquier rincón, paseando por Sevilla, decía, en estos días de asueto que permite la herencia latina de las Saturnales, contemplé un cartel que decía, más o menos lo siguiente: "Recoja los excrementos de su perro. Recuerde que la ausencia de excrementos y desperdicios es el mayor exponente de la cultura de un barrio". Varios rasgos de este jugoso mensaje me resultaron del mayor interés, y me hicieron pensar en un nuevo microensayo referido a susodicho sujeto. O una nueva paja mental que diría mi querido Paquito. Fijad la atención en el exquisito uso del término "cultura". Remonta este palabro en sus propios orígenes al verbo latino colo, con el sentido primario de habitar, de lo que colono, colonia, o cuantos derivados dé vuestra tupida imaginación a forjar. También significa cultivar (también con la raíz del verbo, que se disimula aquí y en "cultura" por un cambio fonético llamado apofonía, del que las vocales abiertas que eran de cantidad breve en latín pasaban a cerrarse en sílaba trabada [*col-to= culto > cultivar ]). Cultivar se cultiva el campo, pero también la mente, el entendimiento o la sesera, pero eso no implica necesariamente hacer acopio de hábitos librescos o de teoremas de la ciencia. Y es por ello que tan bien usado se me apareció su empleo en el cartel, como práctico sinónimo de educación, elegancia o fértil comprensión de las necesidades mundanas de higiene o salud de un barrio. Pero otra cosa me puso la piel de gallina y me hundió en la miseria. Me refiero a eso de "mayor exponente de". Pues si se ven así las cosas, y dado el talante sentencioso o gnómico de la sentencia, que no dice "de este barrio" sino "de un barrio", que es de lo que se componen las ciudades, de barrios, y esto agrupa todos los estratos socioculturales y económicos, se verá que el mensaje es terrible. Pero es terrible porque, tal como andan las cosas, si esto no es verdad pronto lo será, y de decirse que el mayor exponente de la cultura de un barrio, ciudad, provincia, cantón, estado, país, continente, unión, mundo mundial, es la institución libre de enseñanza, la figura de un poeta, santón o erudito, o movimiento musical, o grupo de teatro, pasaremos a decir, con este profético cartel de Rochelambert, que el mayor exponente de la cultura es la ausencia de excrementos por la calle. Iacta alea est.

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