Abril del 2006

ALL ABOUT THE WEATHER

Por Kuratti - 25 de Abril, 2006, 14:32, Categoría: New Groove of Trees

     You don't need a weatherman to know wich way the wind blows, Dylan dixit, You need Bob Dylan, dixit Kuratti. Aquí está por fin. En primicia absoluta, el maravilloso radio show de Mr. Dylan. Hace un par de días saltó la liebre en forma de enlace en la página de Expecting Rain, que permitía acceder a la escucha exclusiva de la premiere del primer programa a emitir por la XM durante los primeros albores de mayo (the first days of May!!!). Tres días después no sólo lo hemos escuchado y reescuchado, sino que ya está rulando por la red en forma de archivo, con su portadita y todo. Si podéis, haceros con él. Si sólo tenéis curiosidad por oirlo, aquí tenéis el enlace. Todo para vosotros: más disfrutable con banda ancha. Tenéis que poner un "username" (press1) y una contraseña (xmr0ck5!). Con eso ya podéis poneros a flipar.

     El programa toma como eje un tema central. En este caso el tiempo atmosférico. A partir de tan liviana excusa, Dylan se dedica a hacer una selección exquisita de canciones que lo abordan desde cualquier punto de vista. Heterodoxia. Jimi Hendrix meets Judy Garland. Sinatra vs. Fats Domino. La Carter Family  abraza a las Staple Singers. Dean Martin. Joe Jones y el original 'California Sun' que luego retomaron, entre otros los Ramones. Pero si la lista de canciones es alucinante, oigan los comentarios del maestro. Ese italiano hablando de Stevie Wonder, esa alusión en el que 'the music suposedly died', el viento de Minnesota... ¡Zeus! La excitación no desciende. Escuchad. La pregunta ahora es si aguantaremos hasta el próximo.

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KRIEGER AHORA

Por Kuratti - 23 de Abril, 2006, 16:44, Categoría: Roll Over Beethoven

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KRIEGER ANTES

Por Kuratti - 23 de Abril, 2006, 16:43, Categoría: Roll Over Beethoven

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MORRISON SE REVUELVE EN SU TUMBA

Por Kuratti - 23 de Abril, 2006, 15:03, Categoría: Roll Over Beethoven

   El bloggie está en serio estado de abandono pero espero darle un poco de marcha las próximas semanas. Para los más ávidos lectores del mismo prometo hacerlo al menos una vez for week. Y de hecho, estos días hay más de una razón para ponerlo a punto. Bien.

    El pasado día 20 fui al concierto que dieron en Madrid Ray Manzarek y Robby Krieger, mitad formal de The Doors, en compañía de Ian Astbury, vocalista de The Cult, bajo el nombre de RIDERS ON THE STORM. Se trata, claro, de una versión trasunto al siglo XXI de la legendaria banda de L. A. Mi asistencia a dicho concierto estaba motivada principalmente por la insistencia de un amigüito y por el extraño morbo de ver los despojos sesentañeros de Manzarek y Krieger, sobre todo de este último, porque el otro siempre ha tenido más presencia mediática, como dicen ahora, al menos en los reducidos círculos del underground. Sea de nuevo. La Riviera está empetada de camisetas con el Poeta Americano estampado en ellas. El publico está compuesto, como preveía, de una multitud grifosa de individuos que no suelen sobrepasar la cuarentena. Normal. Frente a los shows de otras viejas glorias, estas atraen a esta audiencia porque el boom de los Doors en este país procede de finales de los ochenta, cuando la película de Stone. Fans de los Doors de su etapa de gloria en this country debe haber diez. Es un fenómeno curioso.

    A las 9:30 suena el estrépito de los 'Carmina Burana' de Orff, y La Riviera se viene abajo. Luces, flashes, oscuridad en escena. Entre las tinieblas, aparece Manzarek con el brazo levantado haciendo el saludo fascista. El órgano sólo tiene una línea. Hay un bajista aparte. Krieger lleva una camiseta con el legendario logotipo de The Doors, como para hacer propaganda y poner el nombre en algún sitio. Pero no parece Robby Krieger. Parece una calavera con patas. Y entre la bruma aparece un tipo con melena, barba, vestido con una chupa tipo militar y gafas de sol. Es Astbury, pero en estas circunstancias parece que Jim Morrison ha vuelto del más allá. FROM LOS ANGELES, CALIFORNIA, THE... No se oye bien el nombre, sin duda por aquello del pleito que Densmore les ha metido. Y arremeten con 'Roadhouse Blues'. Aquello se cae. Es increíble lo que hace Astbury. Clava la voz de Lizard King, la más ebria, la más rota. El sonido es perfecto, en especial la guitarra que se te clava en las túrdigas. Por fortuna, Astbury ha escogido para su imitación el Morrison menos patético, el de la última época. Hubiera sido de risa ver al maromo embutido en traje de cuero y contoneándose al modo canónico. Eso disimula la ridícula impronta de todo el asunto. Krieger da saltitos y se mueve por todo el escenario, aunque se mantiene serio y en forma con las manos, Manzarek incluso toca con los pies, sublimando su absurda apariencia de pureta colgado por la maria. A RH le siguen 'Break On Through', 'Love Me Two Times' y 'When the Music's Over'. Karaoke colectivo pero en el peor de los sentidos. Evidentemente, The Doors tienen muy pocas canciones tatareables. La estulticia del personal llega al extremo de corear las frases casi habladas de la epopeya que cerraba 'Strange Days', mientras Manzarek se sonríe satisfecho de crear semejante alarde de inconsciencia colectiva. Y así podría seguir sin terminar este escrito.

    Junto a dos canciones nuevas que no llegan ni al tobillo de la grandilocuencia de antaño, sonaron aquella noche 'Wild Child', 'Touch Me', 'Peace Frog', 'Spanish Caravan' (con un larguísimo prólogo a cargo de Krieger, con un sonido de guitarra española pésimo), 'Twentieh Century Fox' (para la ocasión 21th), 'Alabama Song', 'Back Door Man' (tal vez fue esta la que más me sorprendió), 'L.A. Woman' y en los bises 'Riders On the Storm', 'Light My Fire' (Manzarek triplica el intro y Krieger desarrolla 'Eleanor Rigby' en el punteo) y, cuando ya todos pensábamos que se había acabado el show, 'Soul Kitchen', para desencanto de parte del respetable que esperaba 'The End'. Tal vez esto hubiera sido el colmo de la falta de respeto, y por eso se decantan por la otra canción de despedida (well the clock says it's time to go now...). En fin, eso fue el gig de Riders on the Storm: público bobalicón que no ha entendido absolutamente nada (desconocen el sentido de la trascendencia que originalmente buscaban The Doors y se prestan alegremente al juego de la nostalgia con la música menos nostálgica que existe), un sosias perfecto del Morrison más atractivo, dos Doors totalmente prostituídos (Manzarek ha perdido el norte, comportándose de la manera más chabacana en escena y recurriendo a chistes ridículos para ganarse a la concuerrencia, incluso pedestres bromas futboleras, pero me pregunto: ¿que pensará de verdad Krieger? El hombre, por cierto, es una canina de espanto, jamás vi un caso de degradación senil igual) y un sonido acojonante subrayado por dos mercenarios como base rítmica imparable (aunque el batería necesitaba el triple de instrumento para hacer lo que hacía Densmore).

    Pensemos ahora un momento. Toda la sacralidad que tenía un concierto de The Doors (y que intuímos por las grabaciones videográficas que existen), se va al garete en pos de un espectáculo que te divierte los sentidos pero te indigna el alma. ¿Y Astbury? Al tipo se lo han cargado. ¿No hubiera sido mejor que hubieran hecho un casting? ¿Cuántos imitadores cojonudos de Morrison rulan por ahí sin más aspiraciones musicales? ¿Con qué cara se pone el tío a seguir en lo suyo? Lo dicho. Corren rumores por ahí de que estas pasadas estaciones se escucha un extraño lamento en la noche de Pêre Lachaise. Sale de la tumba más visitada por el día. Se trata de James Douglas Morrison retorciéndose en su sepulcro.




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