24 de Diciembre, 2005

ULISES EN PELOTAS

Por Kuratti - 24 de Diciembre, 2005, 17:53, Categoría: Ex libris

        Hoy he terminado, por fin, de leer 'Corazón de Ulises', de Javier Reverte, después de dos meses largos, acaso más. De ahí ese 'por fin'. Mas creo que es necesario, cuando uno tarda tanto en leer un libro, dar una explicación de esa demora, sobre todo si, como ahora, se intenta hacer público el acto de lectura a tanta gente como cabe en esta comunidad virtual. La razón fundamental no tiene nada que ver, desde luego, con otras lecturas lentas y espaciadas a causa del arte de degustar profusamente cada frase, cada verbo, cada palabra, en un acto sublime de temor por la transmisión poética. No. El libro lo he ido leyendo noche a noche, antes de dormir, normalmente tarde y debiendo madrugar, cansado ya. Y algunas veces 'Corazón de Ulises' me ha proporcionado la perfecta excusa para quedarme despierto más tiempo y estar hecho polvo al día siguiente. Otras me quedé dormido antes de pasar la página (¿recordás la canción de Lapido?). Pero si me quedaba despierto leyendo no era porque la pasión lectora se apoderara de mí. No. Era un profundo sentido de indignación el que me calaba hasta los huesos. Porque no he visto mayor desvergüenza que la de este señor en el negocio de las letras a día de hoy. Fíjense: hace tiempo que algunos cercanos me reprochaban mi nula preocupación por la literatura actual. Mi argumento básico es que a un tiempo limitado de vida y con tanto por leer, ¿a qué arriesgarme? Quedando tantas cartas de Cicerón, tanto siglo del oro, tanto Amiano Marcelino o tanto Borges, tanto Hegel o tanto Píndaro, ¿a qué viene desperdiciar el tiempo con autorías coeáneas que, tal vez me entretengan, difícilmente me trasladen a una instancia del absoluto? Pero acaso no me crees y tienes razón: es muy probable que dedique horas de lecturas a asuntos que no caben en esta rara tipología que acabo, desde lo clásico, por definir. Certo. Tiro por la borda muchas horas que podría dedicar a Tácito.

           Sea como sea, me cogí este libro de viajes, en realidad lo recibí del mio caro amico Chule (viejo conocido de este blog). Tras mi último viaje a Grecia, nada mejor que rememorar lo inmortal a través de otro viajero con 'alma y corazón del hijo de Laertes'. Y me zambullo en una experiencia que significa, ahora, que ME NIEGO PARA SIEMPRE A LEER LIBRO ALGUNO DE AUTOR ESPAÑOL DE LOS ÚLTIMOS 25 AÑOS. Y nótese 'español', '25 años'. El libro es profundamente ofensivo para cualquier viajero, para cualquier amante de Grecia, para cualquier mínimo conocedor del mundo antiguo. Cojamos al azar alguno de los momentos cumbre de su falta de respeto por el espíritu de Ulises: la visita a Missolonghi, la ciudad donde Lord Byron vio con su muerte enaltecer la esencia de la libertad griega. Sita en la lengua de agua que separa el continente del Peloponeso, en el golfo de Patras, el pueblo no tiene más encanto que cualquiera de los pueblecitos que jalonan el sagrado camino hasta Delfos (nótese que no cuantifico dicho encanto...). Cualquier escritor (como él gusta llamarse) o amante de la literatura pisa Missolonghi por Byron, y en Byron se detiene. Allí reposa su corazón. Por eso va allí Reverte. Pero se topa con un grave problema: la lluvia. Rechaza un paraguas porque cree que no va a llover, y toda su estancia (y el pasaje) se convierte en un lamento por no haberlo cogido. Busca la iglesia de San Espiridón, donde tenía entendido que se encontraba el corazón. Allí no hay rastro. Y después de deambular y calarse hasta los huesos, topa con una casa que parece ser donde se alojó el poeta. Una mujer le explica que trasladaron el despojo a un monumento en el cementerio municipal. ¿Saben qué dice Reverte?: Mi pasión por Byron había tocado fondo. Regresé al centro de Missolonghi, tomé otro café bien caliente y esperé el autobús de Patras [...] y convine en que aquella zona de Grecia no era un buen lugar para escritores y que debía largarme cuanto antes de allí (p. 332). ¿Es posible que un individuo que se considera a sí mismo "escritor", en la tierra que vio morir a Byron y quedarse manco a Cervantes, se retire de la tierra sagrada, de la posibilidad de arrodillarse ante la tumba del poeta, porque se está mojando? El acto es ridículo en sí, el lenguaje en el que lo narra de ínfima calidad literaria (me recuerda algunas redacciones de mis alumnos de 3º de la ESO no pocas veces), y, lo peor, la falta de respeto hacia el amante REAL de la literatura, el que ha soñado con besar el suelo de Missolonghi, es infinita: como el tipo es tan viajero no es capaz de apreciar LO QUE SIGNIFICA UN ACTO TAN SUBLIME, por el que algunos morirían. Reverte, tu acto ensucia y contamina el recto camino de Naupacto. Las musas se avergüenzan de ti.

          ¿Saben lo que dice de las Musas Javier Reverte? Lean: todas ellas fueron coleguillas de Apolo, dios del equilibrio y de las leyes. Compartieron con él las moradas del Parnaso. Lo que hacían allí arriba, en las noches oscuras, el dios y las dulces musas, tan sensuales todos, está sin escribir y es tan enigmático como los misterios de Eleusis [...] es seguro que hay dioses que tienen más suerte que otros, como fue el caso de Apolo. Nacer guapo siempre ayuda con las chicas (p. 319-320). ¿Coleguillas? ¿Guapo? ¿Suerte con las chicas? ¿Sabe este tipo de qué está hablando? Del lugar más sagrado que existe para el espíritu humano. Reverte, eres un sacrílego lego y viperino. Te arrojaba de la cumbre del Taigeto por tu osadía. ¿Cómo puede utilizarse el adjetivo 'coleguillas' para referirse a las Musas? Es obvio que el pollo no las conoce, y que bien se le ha vedado su conocimiento.

         Aparte de la narración de su viaje, donde no se corta un pelo por ridiculizar a algunos de los caminantes de la Hélade, en cuanto no le caen bien, algunas veces sólo porque no le apetece hablar con nadie (¡hazlo pero no lo digas encima jactanciosamente!), el libro pretende repasar los topoi míticos o históricos que jalonan los lugares que pisa: Pericles, los héroes homéricos, Jenofonte, Alejandro, los trágicos, los presocráticos, Leónidas, los Argonautas... cuando hace esto, es evidente que el "escritor" tira de Wikipedia, de Larousse o de cualquier bibliografía a disposición, y fusila todo, hasta los errores. Así descubrimos que Sófocles escribió 13 tragedias (p. 296, ardo en deseos de leer las seis que me faltan...) o que Platón defendió a su maestro Sócrates con un vibrante discurso. Esto último es terrorífico, porque demuestra un desconocimiento de la literatura griega devastador: para los que no lo sepáis, la Apología de Sócrates de Platón es una recreación del discurso de defensa hecho por el propio Sócrates ante las acusaciones vertidas contra él. La prosa, de Platón, el discurso, de Sócrates. Su tono coloquial es un insulto para la inteligencia no pocas veces (no estás escribiendo para parvulitos, querido), y su querencia por citar autores sublimes (Durrell, Miller, Jäeger...)  encendería de rubor sus rostros inmortales, por lo extemporáneo y fuera de lugar que están todas y cada una de las citas: esta es la obra que explica cómo no se debe citar. Sólo por eso merece una lectura.

        Javier Reverte me ha hecho un favor: nunca más volveré a caer en la trampa del resbaladizo best seller ramplón, aunque su sujeto sea Grecia. He aquí una patente prueba de que el planeta de las letras de nuestro maltratado país, está gobernado y en manos de un atajo de inútiles escritores, forrados hasta las trancas y burgueses de medio pelo que desconocen todo y de todo hablan sin respeto. A cavar zanjas los ponía yo.

                                                           Felices fiestas, lectores de 'El Bloggie de Kuratti'.

                                                                  Antonio Curado, 24 de diciembre del 2005

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